La paciencia

La precipitación postmoderna se ha desarrollado en menoscabo del tempo clásico. Ese saber esperar el momento de cada cosa, el tiempo necesario de maduración y estado propio que la naturaleza de las cosas necesita.

En las relaciones humanas esa precipitación ha desnaturalizado los vínculos en la medida en que se pretende pasar del desconocimiento a lazos de unión íntimos sin ese proceso lento, de esfuerzo y paciencia que exige trenzar ese tipo de uniones. El resultado es, a menudo, falsas intimidades que fracasan rápidamente. Las fases de desarrollo de un vínculo –del tipo que sea- desde que se inicia esa aproximación única entre los individuos, es un tránsito irrenunciable que estructura la relación, la solidifica y da como resultante un vínculo confiable.

La precipitación aborta la posibilidad de una relación consistente porque impide su plenitud. El tiempo que dedicamos al encuentro con los otros proporciona la cadencia adecuada para el despliegue natural de la relación.

Aún hay más, quien no sabe respetar el tiempo natural en el devenir de los acontecimientos, atenta contra el ser mismo de lo que deber darse y solo dejando que tenga lugar el despliegue  propio de las cosas, podemos responder de forma naturalmente ajustada desde nuestra libertad, aunque se nos antoje algo desnaturalitzada.

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