Ideología: restos de una Bienaventuranza

Mientras ubicaba las palabras en el lugar que les era propio, las destensaba por si espontáneamente acudían a su espacio, ese que en el fondo desconocía pero intentaba reproducir por inspiración.

Tal vez, los términos carecen de “lugar” y su sentido es siempre un constructo en continua creación, ya que quizás tampoco haya nada en sí que reproducir, sino que con las palabras producimos lo que hubo, hay y habrá. Desmontemos dos posibles equívocos: que hay ser y que puede representarse fielmente a través de lenguaje.

Esto, que puede parecer un retorcimiento de la inutilidad filosófica nos atañe a todos: si lo que es, aún debe ser producido y depende de nosotros, nuestra responsabilidad es superlativa, porque el mundo puede ser lo que hagamos que sea forzado por la naturaleza constituyente del lenguaje. No todo está ya determinado y dicho, sino que hay vacío para llenarlo de creatividad.

Ninguna postura filosófica es neutra, quizás todo sea ideología como aventuraron algunos. Pero eso, hoy, es casi una bienaventuranza.

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