El rostro del sabio

“La vida –decía Cioran-solo le resulta soportable a los caracteres triviales, a aquellos que, precisamente, no recuerdan”, lo que no debe ser recordado, añadiría yo. Bien sabía el maestro Cioran que hay en la memoria duendecillos que cosquillean el pasado y reconfortan al caer los años. No es de esto de lo que se alejan los caracteres triviales, sino de lo nunca llegó a constituir en sentido estricto un recuerdo. Aunque cierto es que en cuanto el tiempo lo relegó al pasado, parecía poder ser re-cordado. Por el contrario, su intensidad lo tornó vivo y presente, con el poder de causar el daño originario, junto con todo el no-recuerdo sumado, hacer la vida insoportable.

El carácter trivial que parecería algo sobrevenido, según las palabras del pensador rumano, desvelaría una especie de hado que impone la sensibilidad de ser frívolo y vivir sin más, o ser consciente y sentir la vida como algo insoportable. No será exactamente así para Cioran. El hombre tiene la posibilidad de indagar buscando respuestas, pero no quizás todos llegarán a “ver”, a esa iluminación de la que habla en otros textos el autor. Lo curioso es, que coincidiendo con otros filósofos en que “el que ve ya no puede mirar hacia otro lado”, no es por haberse visto deslumbrado por la Verdad, como diría Heráclito, Platón, y otros muchos, sino por haber caído derrotado por la cruda verdad, que sea tal vez que no la hay más allá de un abismo lleno de nada.

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