Abuso de poder

Muchas de las relaciones vienen condicionadas por jerarquías tácitas de poder. En ellas quien posee la batuta –rara vez la autoridad- se comporta con atribuciones que le eximen de ciertos gestos de consideración y respeto hacia los otros, habiendo asumido que quien manda es él, y que puede hacer y deshacer sin ningún tacto aunque ningunee o cosifique a los otros.

Lo más ácido del asunto es que, estos abusadores de poder mantienen paralelamente discursos humanitarios que chocan frontalmente con sus prácticas cotidianas, demostrando que la soberbia o el interés propio puede llevarnos al trato ajeno denigrante, como si el otro cegado por la apariencia de “buenismo” que representan no se apercibiera del doble juego hipócrita al que se le somete.

No voy a decir que los “malos” encontrarán su merecido, sobre todo porque hablamos de la realidad. Sin embargo, sí creo que cada menosprecio ejercido sobre el rostro de alguien que inocentemente confiaba en la bondad de esos hipócritas, menoscaba la credibilidad de los que están convencidos que a base de humillar al otro llegarán al éxito; social quizás, pero en la soledad de sus noches le acompañarán los espectros de todas sus dudas.

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