Homo ludens

Nadie puede sostener su mirada permanentemente hacia el sol porque se cegaría, desorientaría al tener que soportar tanta realidad (Platón no lo vio exactamente así).Por eso necesitamos transitar por la caverna, confundirnos con sus sombras y formar parte de esa intrascendencia cotidiana que poco nos exige. Somos animales lúdicos, también, y como tales realizamos acciones con el único propósito de entretenernos, evadirnos, olvidarnos de todo lo que tenemos pendiente. No soportamos vivir siempre en la tensión que nos exige la conciencia de existir, nos despojamos de lo que parece que terrenalmente somos –una especie privilegiada- para dejarnos ser espontáneamente, por un lapso acotado de tiempo, una especie espontánea y necesitada de ocio, por simple que este sea.

Un ocio que permita olvidar la trascendencia que hemos otorgado a nuestra existencia, a falta de respuesta alguna. Será aquello de que el poder implica una gran responsabilidad y necesita de un descanso reparador exento de trascendencias. Un espacio donde ser expansivo y recreativo, sin más consecuencias que la risa explosiva de los que comparten ese espacio lúdico, cuando uno se descubre como un inepto.

Es evidente que el ocio no es neutro. Pero, por el momento concedámonos el derecho a él y tiempo tendremos de someterlo a disección.

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