La arrogancia es carencia

La arrogancia con la que algunos trasladan su cuerpo por el mundo –supuestos el cerebro y la mente incluidos- es directamente proporcional al complejo de inferioridad que se cubren por la noche. Es un caso claro del refrán popular dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Estas personas, aunque lleguen a ser molestas, deberíamos entenderlas como mecanismos de defensa actuando en bruto. Son fáciles de detectar porque alguien que necesita ningunear explícitamente en público a los otros, a la vez que se vanagloria de su aptitudes, es evidentemente alguien que actúa defendiéndose de la mera posibilidad de una crítica o ataque ajeno –la mejor defensa es un buen ataque- Fijémonos que además de un paranoico, neurótico y narcisista es un buen refranero.

Tras estas advertencias solo decir que hay muchas personas que sufren este mal a nuestro alrededor, solo hay que intentar no ser una de ellas, identificar a las que así sean para no sufrir en vano, porque si todo esto te pilla desprevenido puedes llegar a creer los pequeños montajes que estos soberbios crean. Y más vale prevenir que curar. La facilidad con la que suelto refranes empieza a .mosquearme.

 

 

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