Desajustes…ajustándolos

Sucede, en ocasiones, que cada gesto espontáneo parece chirriar, por frotación, con el aire que nos rodea. Nos detenemos, observamos –algo asustados- y esperamos a ver si hay reacción ajena. Esta es, a veces, sutil, disimulada. Con el paso del tiempo se olvida el rechinar acontecido y todo se desliza con naturalidad. Hasta que desafiando las leyes físicas, nos dejamos actuar de nuevo para comprobar que podemos existir discretamente, siendo como somos. Pero esta vez, nuestra espontaneidad es excesivamente clara y diáfana, ¡tanto que cruje! crepita, rechina y suena el gesto ejecutado como un desafío a todo lo ajeno –sin pretenderlo- y percibo mi desajuste, ese que los demás acordaron llamar trastorno mental, para conceptualizar formas distintas de percibir la realidad, asumirla y enfrentarse a ella. Aprendo que igual que unos son celiacos, otros somos alérgicos a la hipocresía (tal vez por un empacho).

Me dispongo a continuar ocultando mi desajuste en el abismo de mi existencia, allí donde tan solo accederé yo misma llegado el tiempo apropiado.

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