Emprendedores lingüísticos: innovadores del S.XXI

El lenguaje aún es presentado por algunos –no sé hasta qué punto afecta el virus- lingüistas como un instrumento disociado del pensamiento. Aunque para algunos sea obvia la imposibilidad de pensar sin lenguaje, ya que las imágenes solo son significativas en cuanto les atribuimos un concepto, una palabra, o sea las identificamos lingüísticamente, creo que hay además hechos que se imponen como argumentos devastadores, porque el imaginario colectivo opera bajo esta convicción inconsciente.

Durante la segunda mitad del S.XX de manera acusada (tal vez yerre en esta apreciación) se está produciendo un fenómeno cultural y social que no tiene desperdicio: usamos anglicismos o neologismos, palabras nuevas incorporadas a nuestra lengua, y este hecho nos crea la ilusión de estar ante realidades nuevas ya sean nuevos métodos pedagógicos, nuevas tendencias en las organizaciones empresariales, nuevas formas de entender la psicología. Supuestas “nuevas realidades” que analizadas a fondo no son más que prácticas ya usuales rebozadas de un nuevo termino lingüístico y algo mejor expresadas y reordenadas por dentro. Es decir, una nueva palabra, nos convence de la existencia de una nueva realidad, de que además es más eficaz que la ya desdeñada, porque creemos que hay un vínculo estrecho entre lo que pensamos y decimos, que lo que pienso lo hago por el lenguaje y que si uso otro lenguaje es que me estoy refiriendo a otra cosa. Otra cuestión, en la que no voy a entrar, seria si el lenguaje representa fielmente la cosa.

Así, fijémonos que si yo lleno mi artículo de palabras como seguimiento personal, psicólogo, terapeuta, trabajo en grupo, ayudar a los que tienen dificultades, iniciativa personal, evaluación, autonomía, ética de la empresa …difícilmente tendrá una difusión significativa. Ahora bien, si incluyo en él, términos que de hecho no son novedades, sino en algún caso como mucho actitudes ya existentes que la situación actual requiere estimular, pero que han cambiado de término, ya sea por neologismo o anglicismo, y se nos presentan como realidades nuevas, el artículo tendrá una fácil difusión sin que me esfuerce en absoluto: emprendedor, coaching, tutoría entre iguales, trabajo colaborativo, innovación, marketing, calidad, responsabilidad social,…

Este fenómeno muestra, a mi entender, que existe poca creatividad y mucha necesidad de crear “cosas” nuevas que vender para que el sistema siga retroalimentándose. Entiendo que si la ciencia y la tecnología significan un avance éticamente aceptable, en un ámbito social, debe estimularse y hacer posible su uso universal, pero nunca deben priorizarse los intereses económicos de multinacionales que introducen con embudo de una forma brutal una determinada tecnología que no supone un avance significativo en un ámbito –ni se ha contrastado- y los que tienen la responsabilidad política de decidir dejarse embaucar o ….Hay usos de la tecnología que en determinados sectores pueden ser parciales y beneficiosos, pero siempre deben ser evaluados por los que en definitiva los usan y conocen el campo de actuación.

En conclusión, si como sostenemos muchos no se puede pensar sin lenguaje (simbólico) y pensamiento y lenguaje son en el humano, una y la misma cosa, conservamos la esperanza de que la tecnología no deje nunca de ser una máquina, porque la fusión peculiar que se da en el humano del pensar y el lenguaje exige la existencia de una conciencia, sin la cual nada de lo mencionado sería posible.

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