Formas varias de 23F

Aquellos que por optimismo vital, o por falta de conciencia, siempre auguran tiempos mejores, deberían justificar y argumentar esta afirmación que como una letanía acostumbra a finiquitar sus conversaciones, simplemente para dejar un oxígeno, creo yo, cargado de falta de realismo.

Personalmente, me parece positivo se optimista cuando hay motivo para ello, pero adoptar esta actitud por definición, lo catalogaría de engaño, que puede impedir incluso adaptarnos y prever aquello que no deseamos que se produzca cuando tal vez esté en nuestras manos evitarlo.

En relación a lo planteado dicen que estamos saliendo de una crisis económica (?), los hay que aseguran que en realidad entramos en la tercera etapa de la crisis. Lo único que ciertamente queda claro es que hay un sector importante de la sociedad que ya no cuenta a la hora de valorar si estamos en,…saliendo,… o entrando en una crisis, porque están desde el 2007 condenados al ostracismo perpetuo (28%depobreza EAPN). Además, de esta perspectiva económica en la que no creo que tenga cabida el optimismo, quisiera destacar otra que hoy veintitrés de febrero tiene una resonancia especial.

Estamos asistiendo progresivamente, y aparejada a la crisis económica, a un despojo de los derechos civiles –de los sociales cada vez nos va quedando menos- Este fenómeno se ha agudizado en los cinco último años en los que la ciudadanía empezó a movilizarse para defender esos derechos sociales y económicos que se le iban sustrayendo. Consecuencia de esa dinámica social surgió la denominada “ley mordaza” aprobada por el PP en solitario no hace mucho, y que cada vez se aplica con más inquina. Empieza pues, a extenderse una cierta prevención, un cierto miedo, por si alguna expresión desacertada es imputada por alguno de los resquicios legales de la autoritaria y antidemocrática ley. Nada más en consonancia con el recuerdo de los golpistas del 23F y el propósito que se les presupone. Sabemos que los golpes de estado pueden darse de diversas maneras, unos con metralleta en mano, otros constriñendo legalmente a los ciudadanos hasta atemorizarlos y otros otorgándose por corrección aritmética lo que las urnas no les ha dado, para hablar de mayoría parlamentaria cuando no representan ni a la mayoría de la población. Todos son deleznables a mi juicio, aunque los medios algo más indeseables unos que otros.

Por todo esto, no creo que sean tiempos de optimismo para los ciudadanos que aun cuentan. Prefiero hacer una llamada al realismo que seguramente si algo puede ser efectivo para avanzar en positivo, sería esta actitud.

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