Envidia

Bajo la firme creencia de ser quien somos, flirteamos sutilmente con ser algo de otros, que parecen cuajar mejor en el halago ajeno. Esa envidia que nos entrecorta la satisfacción y el amor propio, nos distancia de la propia capacidad, habilidad, destreza e identidad para convertirnos en un montón de células desgajadas que ya no entienden qué son, ni qué constituyen, ni si hay un para qué.

La envidia no es más que la corrosiva rabia que nos tritura una autoestimar inestable, sin raíces y ávida del reconocimiento ajeno para no desmoronarse. Un síntoma más de las carencias humanas.

 

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