Lectura catártica

Mientras proyectamos el mal en un objeto catártico, nuestra respiración se mantiene regular y acompasada. Pero, cuando semejante objeto, real, desaparece y nos percatamos de que hemos introyectado al mismísimo Satán que continúa, ahora, más eficazmente destrozando nuestras entrañas, resollamos porque la asfixia se apodera de nuestro estado respiratorio y el ahogamiento parece la única salida.

Aunque deambulemos de lo real a lo metafórico, cada uno debe decidir qué deviene hecho y qué retórica en su transitar. El escritor pone los términos al servicio del lector que completa el contenido único, apropiándose de cada fragmento.

Puede ser servido un texto crudamente, para que si así se estima oportuno, se sazone la carnaza para ser ingerida. O bien, asar condimentada la carne para digerirla sin dificultad.

Es obvio que, la lectura puede tener una función clarificadora y catártica, si asumimos que es un instrumento de mediación para afrontar la propia realidad de manera mitigada. O, por el contrario, una función anuladora, si lo que debe ser descubierto, queda negado bajo la interpretación de un lenguaje distorsionado, aprovechando su posible ambigüedad.

Lo relevante no solo es lo que dice el texto, si no lo que colectivamente tenemos la voluntad de que diga.

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