El acontecer puede ser reparador

Entre tanto suceder acumulado, de distinto calibre, vamos sucediéndonos en ellos, sin poder discernir lo que acontece. En síntesis: se produjo el reconocimiento de un decir que nunca está acabado, pero sí iniciado y reflexionado junto a otros, años ha –todo intento de clarificación consistente merece su lugar-. A veces hay reparación tras el esfuerzo y el menosprecio, aunque reparen otros. Y, entre ese tumulto del suceder, aconteció un desmoronamiento, de una sensibilidad conformada por esporas y una labilidad casi camaleónica.

Reconocimiento del pensar dicho y desmoronamiento por los estímulos sentidos, acontecer, aquello que tiene lugar de forma significativa –al margen de que puedan suceder otras cosas secundarias- y que establece un antes y un después en el curso del tiempo.

Dos acontecimientos antagónicos, cara y cruz, la doble faz de la vida. Y, a pesar de todo, la elección desafiante e inhumana, siempre inhumana, de disfrutar junto con el agraciado de su satisfacción, sosteniendo ese dolor ya conocido, para desafiar el deseo de autocompasión que nos mata, y afirmar nuestra fortaleza, enalteciendo la satisfacción y el gozo ajeno, menospreciando la posible debilidad.

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