¿Podemos educar siendo incoherentes?

Esta es, a menudo, la pregunta del millón. Si no se pudiera, nadie educaría, porque todos somos en algún momento incoherentes. Lo que me preocupa de la cuestión, y en este sentido me resultó ambiguo un texto de nuestro compañero Gregorio Luri –del que soy incapaz, y pido disculpas, de dar más referencias en este momento- en el que hablaba sobre el derecho de los padres a no ser perfectos, me preocupa, como decía, que nos escondamos o justifiquemos tras esta argumentación lícita de la falibilidad humana, ya que, en ocasiones, no buscamos más que legitimar nuestra mala praxis como padres, como profesores. Realizo esta afirmación porque entiendo que en según qué estatus sociales el sentimiento de culpa parental no es tan acusado. Opera una especie de neurosis por la cual tienden a culpar, como buenos consumidores, de todo lo que les ocurre a sus hijos a la sociedad.

En este sentido, y clarificado el hecho de que muchos padres y profesionales no asumen sus déficits o carencias y ejercen ese sano ejercicio que es echar la culpa fuera del terreno propio, entiendo que no solo se puede educar siendo incoherente, sino que no hay otra manera de educar y que es bueno y educativo explicitar estos desajustes cuando se produzcan ante el educando. El acto de educar, conducir, orientar y servir de referente se produce por la autoridad moral que el educador tiene sobre el educando. Esta se sostiene por la credibilidad y la honestidad de quien educa. Así, solo si encarnamos con realismo la imperfección que ellos sienten como una tormenta incontrolada en sí mismos, podremos darles la esperanza de que aun errando, siendo incoherentes podemos aprender a manejarlo, vivir y dañar lo menos posible a los otros, si esa es nuestra voluntad. Por el contrario si ante ellos nos presentamos como infalibles solo contribuiremos a estimular el sentimiento de culpa que nunca deja avanzar.

En síntesis, la incoherencia del educador, padres o profesores, forma parte de la humanidad de ambos y como tal debe ser mostrada y trabajada con los educandos, para que aprendan a manejar las propias incoherencias.

PD: Huelga explicitar que hay límites en el grado de incoherència. Por poner un ejemplo claro, no puedo ser un pederasta e intentar ser educador,….haría falta una reflexión ad hoc sobre los límites de la incoherencia.

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