Ex-alumnos: lectores predilectos

Para quien dedica un tiempo nada despreciable a escribir -3 o 4 diarias en mi caso- el lector se convierte en el engranaje imprescindible que realiza lo escrito como texto significativo. Así, cualquiera que deposite su interés en las palabras que nacen casi desgajadas y que se van hilando con agilidad ante las relecturas diversas y dispares, está reconstruyendo el texto y generando energía para el autor. Conexión substancial entre quienes necesitan escribir y leer.

Dicho esto, voy a permitirme una concesión que mi voluntad de honestidad no me permite ocultar. Hay muchos lectores que son para mí anónimos, otros tengo de referencia el sobrenombre con el que operan en la red, otros su nombre aunque no los conozca o aunque sí sean conocidos pero no personalmente y, por último quiero destacar-dejando al margen familiares y amigos- aquellos que han sido a lo largo de años de docencia alumnos de filosofía.

De la misma manera que en ciertos momentos sientes un cosquilleo o un mariposeo estomacal como si una especie de alerta emocional se despertara ante alguna presencia, eso mismo me sucede cuando identifico que alguno de los lectores del día ha sido un antiguo alumno. No necesariamente los más interesados en aquellos momentos. Es curioso que respecto de algunos mi frustración era supina al pensar que no conseguía “enganchar” su atención y que aquella mente adolescente vagaba por muchos sitios, menos por donde en ese momento intentaba que lo hiciera. Otros eran los famosos “trastos” que llamaban tu atención descargando su ironía –menuda arma desarrollada tempranamente para un adolescente, eh Enric?- a partir de la cual realizábamos un ejercicio interesante de dialéctica, creo que útil para todos, si lo reconviertes en un juego, y hecho con cariño.

Sea como fuere, entiendo por lo que hoy he podido contrastar con ellos, algo cuajó en aquel curso o aquel par de cursos. Ahora, años más tarde, siguen siendo personas con inquietudes profundas que les lleva a husmear por la red, blogs como los de su profesora de filosofía.

En este sentido, poder mostrar el amplio abanico del pensamiento que va unido a la vida y al sentir, sumergiéndome en ocasiones en las palabras de uno u otro filósofo, para expresar ese devaneo existencial que manejamos, me congratula porque me brinda, y ellos me brindan, aquellos que fueron –y que ya no son- mis alumnos, la oportunidad de ir trazando retazos de lo que soy, mediante el arte de pensar lo sentido y lo vivido, auxiliada por aquellos que lo practicaron antes que yo, y vocearles bien alto y fuerte que ante todo quise ser honesta y justa. Porque mi convicción sigue siendo que es lo mejor que ellos pueden darle al mundo. A mí me devolvieron día a día el esfuerzo que hacía por no traicionarme a mí misma.

Educar es vivir la lucha por la honestidad junto a los educandos.

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