El lenguaje como delator

Discernir con  elegancia las formes lingüísticas que, al ser cuna de lo bello, desvelen lo fenoménico, el mundo, todo aquello que yace bajo secreto de sumario por su naturaleza antiestética, es arte legitimador.  Antinomia de lo que se pretende auténtico, pero necesario para dar cuenta de la totalidad, de lo real: lo bello y lo feo/ lo Bueno y lo malo/El placer y el dolor/ lo dulce y lo amargo, no son más que el dualismo necesario para dotar de identidad cada contrario: como vio Heráclito sabemos qué es el frío porque tenemos experiencia del calor. De esta forma, diríamos con el filósofo de Éfeso que todo acontecer lleva consigo un par antagónico en el que uno se sucede, y el otro permite la comprensión de lo que se sucede.

Por ello el uso elegante del lenguaje es una exigencia de este antagonismo que conlleva la belleza y la fealdad de lo que es para el sujeto, y cuya función es evidenciarlo. Con este uso estético, no estamos ocultando lo trágico, deleznable del mundo sino mirándolo y “diciéndolo” con los labios de quien, siendo crueldad, es a su vez sensibilidad. Todos llevamos un “Hulk” dentro que se rasga las vestiduras, cuando su epidermis ha sido excoriada.

Un comentario en “El lenguaje como delator

  1. Gracias por tu mensaje… y por su contenido! Me lo voy a tomar como un homenaje póstumo a mi idolatrado Umberto Eco. En el mundo de la imagen insulsa y manipuladora, se agradecen contenidos para la reflexión que inviten al discernimiento. Un beso!

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