De la ética a la sumisión moral

En el momento en que Occidente abandona el culto al Sabio, por la veneración al Santo, una convulsión profunda se está manifestando en lo substancial de la cultura: se escinden bondad y sabiduría, nada vincula ya el conocimiento con la moral, los ignorantes pueden llegar a la virtud y la excelencia moral. Se ha disgregado y vulgarizado la figura del Santo que sin un conocimiento ético puede ser un virtuoso moral, pero, en consecuencia, es susceptible, como el esto del pueblo que ha menospreciado la sabiduría, a una manipulación sutil y eficaz sobre el tipo de vida que debe encarnar el Santo, y por ende, todo aquel que ,siendo cristiano, aspire a la santidad.

La distinción principal entre el sabio y el santo reside en que uno discurre sobre los fundamentos de la moral, y el otro tan solo se afana en cómo acatar las normas morales, sin cuestionar su razón de ser. O, dicho de otra forma el sabio sostiene una voluntad crítica ante las cuestiones éticas y el santo un actitud acrítica y sumisa.

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