Desear no es querer

Si entre el sentir que se desea y el actuar para su satisfacción, media siempre la reflexión pausada, ¿quién temería una acción impulsiva orientada a calmar la necesidad perentoria? Nadie se vería sometido al dictamen del deseo, si así fuese.

Los hechos hablan con palabras severas; nos recuerdan la potencia del anhelo, desvirtuando a la razón, y la indigencia de la pasión que vertebra toda posible escasez.

Siendo lo humano un híbrido entre la carencia corporal y mental, el equilibrio y la disquisición sobre lo apropiado y propio es la virtud básica para la paz mental.

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