Fortaleza del débil

Como aves mutiladas caminamos, anhelando las ales compasivas de quien declara conocer nuestro dolor. Pero, el tiempo, en breve espacio, nos confirma que no se cala el padecer ajeno y menos se ceden las ales con el riesgo de duplicar el pesar.

Así, seguir incompletos sin que se note la ausencia de completitud, es la cruel condena que infringimos a los débiles, que devienen los más fuertes. ¡Tanto! Que son los únicos capaces de determinar sobre el vivir y el morir.

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