Sociedad de la “carencia”

Habitamos una sociedad incómoda, donde no hay referentes que puedan orientar cómo se reconduce un sistema depredador como el nuestro. La ciudadanía –gran parte de ella- asume una función solidaria sin visos de utilidad estructural, en contra del deseo y el mandato institucional. Simplemente movidos por la humanidad que subyace en abundancia en muchos individuos.

Seríamos algo así como la Sociedad de la carencia, en un sentido de falta de identidad. Desconocemos, dicen que superada la postmodernidad, qué rasgos caracterizan una sociedad acelerada y cambiante, sometida a un desarrollo tecnológico vertiginoso que no nos permite ni acomodarnos a una forma de ser. Constatamos el proceso de patologización creciente que se ha ido produciendo del hecho de afrontar la vida por parte de los individuos, pero ignoramos si eso se debe al aumento de la complejidad social o a la necesidad acuciante de sentido que el individuo ha ido acumulando y añorando desde los inicios de la postmodernidad cada vez con más ahínco, o a una mayor debilidad para soportar el dolor. Carecemos de espejos donde mirarnos, porque la nuestra es una época rara, donde las contradicciones son expuestas sin pudor, donde el verdadero motivo por el que se toman decisiones parece que ya no debe ser ocultado, porque las instituciones y los gobiernos se saltan las leyes con impunidad, y el acuerdo de todos para hacerlo, porque la ley, ya no es más que orientativa, pero no imperativa.

En este contexto desajustado y desconocido el individuo se siente perdido, poco esperanzado y tal vez resignado a facilitar auxilio a aquellos que tiene alrededor -viendo que las instituciones públicas se desentienden- ya que no nos queda otra cosa que la satisfacción de dormir con la conciencia tranquila, y por ende desde nuestra situación socio-económica hacer lo que podamos por los que están peor que nosotros. Aunque después el gobierno se atribuya las medallas de la paz social, todos sabemos que han sido las ONG y los particulares de forma voluntaria los que han impedido una revolución en las calles por parte de todos aquellos que han pasado a engrosar las bolsas de pobreza, muchos hasta teniendo trabajo han necesitado ser ayudados.

Así, es que la sociedad de la carencia se muestra como aquella en que una gran parte de ciudadanos necesita de los otros para sobrevivir, aunque ninguno sepa o entienda qué tipo de salvajada social es esta qué vivimos.

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