La farsa capitalista

‘El trabajo en equipo es la práctica en grupo de la superficialidad degradante(…)El filósofo Gadamer afirma que “el yo ocurre sujeto a los accidentes de tiempo y los fragmentos de la historia. Así la autoconciencia del individuo es solamente un parpadeo en el circuito cerrado de la vida histórica” Este es el problema del carácter en el capitalismo moderno. Hay historia, pero no una narrativa compartida de dificultad y por lo tanto no hay destino compartido (….) Un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad.’

R.Sennet, La corrosión del carácter. Anagrama. Barcelona 2000

La reflexión de Sennet es tremendamente aguda si atendemos al hecho de que para él, el error de sistema capitalista es no haberse dado cuenta de la necesidad de un proyecto colectivo como humanos. Sea cual sea la ideología, el individuo debe sentirse inmerso en una narración de la que es partícipe y necesario. Pero el capitalismo por el contrario, partiendo de sus tesis individualistas ha fragmentado el tiempo, ha expulsado al individuo de la historia y lo ha mostrado como una pieza contingente que debe velar por sí mismo. Desde esta perspectiva ninguna acción puede poseer más proyección, ni profundidad que el propio sujeto. Por ello, las estrategias usadas en las unidades capitalistas que son las empresa son un reflejo de esta superficialidad degradante, como sería el trabajo en grupo.

Ahondando más, no solo las modernas estrategias empresariales de renuncia de autoridad y juego de liderazgos que intentan co-responsabilizar para acabar diluyendo la responsabilidad a cero, son signo de este degradante sistema, lo que si cabe peor, el hecho que Sennet recoge parafraseando a Gadamer en relación al vacío de vinculación histórica entre los individuos, como seres humanos y protagonistas de un relato histórico que depende de su decisiones. Este hecho motiva la pasividad del sujeto, corroe su capacidad de acción y lo sitúa en el límite del egoísmo, porque no es capaz de captar ningún lazo en común que dé sentido a una acción colectiva.

Así sentencia Sennet que un sistema incapaz de proporcionar a los individuos razones profundas para vincularse con los otros perderá sin tardar mucho su legitimidad. Cierto, perdida la legitimidad por parte del neocapitalismo, nos preguntamos ¿Ahora qué? Intuyo que Sennet asociaba la pérdida de legitimidad con su caída fulminante. Los hechos nos han demostrado que hoy en día poseer legitimidad es algo casi decorativo, porque se ha escindido de la legalidad y no es su condición de posibilidad. El capitalismo sigue siendo el único sistema económico que se acepta por parte de los grandes poseedores de fortunas que son los que poseen el poder y la capacidad de dinamizar la economía mundial. Es ,por tanto, un sistema legal, y no hay otro, que además se asocia necesariamente a la democracia liberal para perpetuarlo sin problemas.

Me lamento con Sennet de que una práctica tan injusta tenga el beneplácito mundial. Pero recuerdo que la sociedad civil en occidente, que somos los más beneficiados estamos empezando a levantar la voz en contra de seguir siendo mercancía en manos del dinero. Los refugiados o los aspirantes a no se sabe qué, recordaban ayer desde Lesbos que son seres humanos y que no son mercancía en manos del capital. A veces tienes una especie de ensueño, y te parece que algo común se moviliza entre las personas buscando justicia.

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