El duelo

“Es lo que muchas veces no comprenden los que no han cruzado el trópico del duelo: el hecho de que alguien haya muerto puede significar que no esté vivo, pero no significa que no exista” “La paradoja del luto: si ya he sobrevivido a cuatro años de su ausencia es porque viví cuatro años de su presencia.”

J.Barnes Niveles de vida ,Anagrama.Barna.2014

Barnes nos ofrece en esta novela una reflexión desde la experiencia sobre el duelo y la aflicción ante la pérdida de un ser querido. Expresa, en más de una ocasión, la incomprensión de los que no han pasado por la experiencia de asumir una pérdida y que a pesar de eso se sienten en condiciones de aconsejar, dirigir y ordenar cómo debe realizarse el luto por parte de quien acaba de ser azotado por semejante huracán. Así, insiste en que para quien siente la muerte de alguien de forma más próxima e íntima, hay que entender que el hecho de no estar vivo no significa no existir. A partir de este sentir, no explicitado pero presente en los primeros tiempos al menos de los que sufren el duelo, se produce el diálogo cotidiano con el difunto, compartiendo el día a día con la impresión de que el otro   le sigue acompañando en lo cotidiano. Esta relación que se tiende a ocultar es muy común entre las   personas que elaboran el duelo y los difuntos. Barnes lo denomina la paradoja del luto: se puede soportar los primeros años de ausencia en tanto que se   viven como presencia. ¿Dónde está el límite? Bien, no lo hay. Tal vez cada uno encuentra su forma de metabolizar el duelo, teniendo claro que en las nuevas experiencias el diálogo con su acompañante se convierte en silencio porque no puede imaginarse posibles reacciones o posturas que nunca han compartido. Pero, asumidos esos momentos de soledad, el duelo es la manera particular en que un individuo tolera la ausencia de alguien de primer orden para él, recurriendo a una forma u otra de presencia.

Los duelos, en un sentido más amplio son experiencias recurrentes a las que nos debemos enfrentar a lo largo de la vida –incluidos los duelos en sentido estricto- Esta incomodidad que Barnes refleja en su novela ante un acontecimiento de este calibre, permite comprender por qué es un tema expulsado de la vida, negado y solo mencionado cuando súbitamente aparece. Esto sí, de la   forma más lacónica, breve y rápida. Haciendo extensiva esta ocultación a otro tipo de duelos, ninguneados e ignorados, resultan insustanciales: ni las despedidas en centros escolares y las posibles pérdidas de relaciones, los cambios de ciudad para estudiar en universidades o irse a trabajar, es decir todo aquello que supone renunciar a lo conocido y a relaciones que nos han dado seguridad por motivos de trabajo, estudio… se viven socialmente como rupturas sin importancia, con lo que se contribuyen a no preparar al individuo nunca para la pérdida, la separación y el duelo, en sus aspectos más benévolos y habituales, con lo que la muerte de un ser querido puede resultar de entrada demoledor.

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