Terrorismo financiado, terror padecido

No quedan adjetivos ni calificaciones para expresar el dolor, el sin sentido y la rabia que provocan los atentados terroristas, sean en el país que sean, y caigan las víctimas de la nacionalidad que sea. Esto, por supuesto, no es ninguna obviedad para la arrogante Europa que ya ha perdido toda su credibilidad como referente de ningún tipo de valor. En este sentido declaraba Pablo Iglesias, el secretario general de Podemos, que buscando soluciones hay que exigir que España, y otros países de Europa, dejen de vender armas a Arabia Saudita, que se sabe que nutre al Estado islámico. No deja de rallar el absurdo que se esté dispuesto a recortar libertades a los ciudadanos- hay partidos a los que les encanta- para afianzar la Seguridad, pero sigamos vendiendo armas indirectamente a los terrorista que buscan masacrarnos. ¿Demuestra eso que quiere acabarse con el problema de verdad? ¿No son palabras vacías, y hay algo que se nos escapa que vale más que las vidas humanas?

Por otra parte, que el atentado coincida en Bruselas después del contraejemplo que la UE está dando al mundo con su política de refugiados, no sirve más que para elevar nuestra vergüenza al infinito. Los que huyen de matanzas de ISIS, los gobiernos y las fuerzas internacionales huyen de un atentado continuo y sin tregua que directa o indirectamente occidente ha contribuido a provocar. Se alejan despavoridos del horror y del hambre, ante la indiferencia y la soledad en que se hallan. Venían a Europa buscando auxilio y les hemos dado con las puertas en las narices con una frialdad por parte de las instituciones que seguramente hemos creado futuros terroristas, que de buen grado colaboraran con sus pueblos, contra una cultura que ha demostrado ser de lo más egocéntrica. Claro que como declaraba un refugiado ayer, seguramente habrá quien utilice el atentado para legitimar la expulsiones en masa de personas inocentes -adobadas de una legalidad de patio de colegio- que llevan años padeciendo el mismo terror, sin saber ya quiénes son los buenos y los malos y que a conveniencia de unos y otros, ellos mismos se convierten en lo peor o lo más inocente de la humanidad.

Por eso, y sin olvidar a los que siempre mueren a consecuencia de los que deciden: las víctimas, querría hacer un llamamiento a la conciencia moral de los que tienen en sus manos trazar el camino de una solución. Dejar los dobles juegos para estrategias de partidas de cartas; y se convenzan que esto no es juego alguno, sino una encrucijada en la que se hallan.

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