Más sobre Insomnio

El dormir dejó de ser ese jardín de sosiego y protección. Solo tuvo que apercibirse que afloraban hechos como si fueran flores benignas, y se iban liberando poco apoco de su contorno metafórico para revertirse en relatos del sentir.

Ese escape sibilino del contenido mental era tan espontáneo que ponía en riesgo la estabilidad del propio sujeto.

El insomnio no fue más que el mecanismo de defensa de la mente, para preservar su intimidad, esa que está en la base del yo, y que si se disgrega, no queda más que lo no-yo.

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