¿Se puede ser fundamentalista liberal?

Hace un cierto tiempo vengo apercibiéndome del uso malévolo que la ideología dominante neoliberal va imponiendo del término “antisistema”. Según la RAE deberíamos definirlo como aquel que está en contra del sistema social o político establecido. Siguiendo esta pauta para ser antisistema, dentro del estado democrático de derecho, uno debería estar en contra de que el estado sea democrático y de derecho. Parece que, de forma sutil, exigir cambios en la sociedad sea transformado en un atentado casi “terrorista” contra la estabilidad del sistema que los neoliberales atribuyen a los movimientos antisistema que son lo peor –después de los yihadistas- por lo que se va extendiendo el uso peyorativo y negativo del término a través de políticos y medios de comunicación que conjuntamente le hacen el juego al neoliberalismo; el cual sostiene el sistema económico financiero actual para debilitar la política y dominar el mundo directamente a través de las finanzas y las multinacionales con el fin de enriquecerse unos pocos, acosta de la miseria humana de la mayoría.

Por el contrario cuando desde los medios de comunicación y los partidos que gobiernan o los que están próximos a ellos se califica de antisistema a movimientos de ciudadanos o plataformas cívicas se produce una contradicción flagrante. De entrada porque si analizamos las demandas de estos grupos poco tienen que ver con la imagen que de ellos se intenta propagar –grupos contra el sistema y violentos-

Lo que demandan es que el Estado de Derecho lo sea “de hecho”, como por ejemplo el derecho a una vivienda digna no sea una declaración de intenciones en las cartas magnas de los estados, sino un derecho legal que pueda ser exigido. Además aspiran a regenerar una democracia que sufre una crisis de participación, de inhibición de los ciudadanos, a reconstruir una democracia que tal vez se construyó sobre corrupciones del pasado y que se ha ido extendiendo hasta hacerse intolerable, porque los ciudadanos han perdido la confianza y los políticos la legitimidad. Piden atención prioritaria a las personas en una crisis económica que parece haberlas ninguneado y no preocuparse más que del sistema financiero y los datos macroeconómicos, olvidando el paro y los índices crecientes de pobreza que se han disparado. Podríamos seguir con una serie de propuestas que lo que exigen son cambios necesarios en un sistema que tal como se está desarrollando no funciona. El problema parece ser no que hay personas contra el sistema, que habría que puntualizar para ser rigurosos críticas con el sistema, pero no, no es este elproblema; elproblema es que sólo hay cabida para el denominado pensamiento único: el neoliberalismo -como ya anunció hace muchos años Fukuyama-  y todo aquello que lo ponga en riesgo debe ser fundido y eliminado.

Ahora bien, ¿no vivíamos en una democracia?¿la democracia no tenía la virtud de permitir la alternancia de gobiernos si el ciudadano considera que quien está en el poder no lo está haciendo bien? ¿Pueden presentarse a las elecciones antisistema? Parece obvio que no, por eso se ilegalizó a Herri Batasuna. ¿Por qué se permite que alguien diga que las elecciones en algunas ciudades o comunidades las han ganado los antisistema? ¿Para asustar a la gente? ¿No son partidos legalizados por el sistema? Esto es, tanto, como decir que todo independentista catalán es antisistema, y que por lo tanto Artur Mas y Oriol Junqueras lo son. Creo que no he visto persona más a gusto e integrada con el sistema neoliberal que al President ¿eh Sr.Mas? No había más que verlo paseándose por las calles de Nueva York para constatar que estaba en su salsa.

Por tanto, delatemos cómo a través del lenguaje pretenden manipular nuestra visión de la realidad, con delicadeza y elegancia. Estemos atentos a esos giros lingüísticos que parecen espontáneos y no son más que mentiras premeditadas que se imponen a través del uso y la costumbre para socavar las raíces de nuestras creencias. En este caso que identifiquemos antisistema, con todo aquel que proponga cambios en el sistema neocapitalista como si fuera una hecatombe, una debacle o el desastre final.

En consecuencia, si el gobierno neoliberal quiere imponerse como única ideologia   legítima y con derecho a gobernar un estado democrático, ¿no esconde un tinte fundamentalista y dogmático en su creer y proceder? ¿cómo estar seguros de que desde una ideologia que se impone como única y válida no va a usarse la fuerza, como ya se ha hecho en países que no se consideraban democráticos?¿desde dónde se legitiman estas acciones? ¿Es el neoliberalismo un fundamentalismo occidental?

 

Adjunto la referencia de un artículo escrito en el 2009 en un sentido similar y complementario al que aparece aquí.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1208/%C2%BFes-tan-malo-ser-antisistema/F.FernandezBuey/JordiMir

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