El poder y la vida

Que en un supuesto entorno natural y salvaje, la lucha por la vida tuviese una de sus expresiones en la lucha por el poder, se entiende en cuanto poder y autoafirmación implican imponer la propia vida. Que en un entorno cultural esta equivalencia siga operando con eficacia, es una evidencia de que en lo substancial no se da este tipo de evolución. Es como si la evolución bilógica operase en niveles epidérmicos, pero no alcanzara lo esencial que, o no evoluciona, o lo hace por otros parámetros.

Las necesidades adaptativas en un entorno cultural son, en principio, muy diferentes a las del entorno natural, se supone que así fue surgiendo lo artificial como respuesta adaptativa rápida y eficaz. Si una vez adaptados, fundamentalmente gracias a la cultura, el mecanismo sigue siendo lucha por la vida a través del poder, ¿qué ha hecho la cultura? ¿Duplicar un entorno con artificios donde estos mecanismos operan con más eficacia? ¿Aquello que hemos denominado proceso de humanización, por adquisición progresiva de una vida cultural, no es una distorsión moral interesada? ¿No somos igual de salvajes, pero más refinados?

Casi, habrá que dar le la razón a Rousseau en que lo social no es más que una máscara o impostura, aunque no de la bondad natural sino de la ambivalencia que somos de origen.

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