Muñeco de trapo

Necesita un sí ajeno, cuando la distancia entre el aparentar y la realidad desborda cualquier intento posterior de asociación. También la afirmación del otro le sosiega, al haber conseguido que olvide parte de su identidad y tiende a confundirse con un personaje coyuntural. Se ha difuminado su percepción de lo real, filtrándola siempre bajo el lema “piensa mal y acertarás” y su ser camaleónico reacciona a estímulos manipuladores.

¿En qué se ha convertido? Quizás en alguien hueco, sin terreno firme que pisar, buscando constantemente “un algo” que llene el vacío para obtener algo de estabilidad.

En un muñeco de trapo aguardando el relleno final, que lo vuelva verosímil, nunca autentico ni real; aquel que fue un proyecto lícito fue troceado al transitar, con apariencias paralelas e identidades vagas. No pudo más que restar como un trapo, un muñeco para la esperanza de ser acogido como un ser menor.

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