Trastorno mental

A menudo solo disponemos de sensaciones, sentimientos vagos que no somos capaces de asociar a su causa. Así vagabundean dejándonos un poso de malestar indefinido que con el tiempo genera una forma de ser y percibir la realidad. Este filtro distorsionador lo poseemos todos en mayor o menor medida. La diferencia es que a unos sujetos no le impide ajustarse sanamente a lo que sucede y otros se aproximan de manera trastornada, por esa distorsión que malea los sucesos. Cuando la   distorsión está fijada en la retina, es permanente, y dista mucho del acontecer, el sujeto no puede dejar de sufrir en ese mundo paralelo que siempre le acecha y le hiere.

Un trastorno mental no es una coartada para legitimar el caprichoso “hago lo que me da la gana”, sino una disfunción en la estructura de la personalidad que solo me invita a hacer lo que me da la gana, en lugar de lo que quiero. Dicho en términos más llanos, heridas en lo más profundo del ser que no tienen cura, tan solo conocerlas y aprender a vivir con ellas.

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