Velar

Ya es después, porque hubo un antes y un durante. Y el alma se queda muda y encogida al revivir como estúpido espectador un acto trascendente y misterioso del que nunca sabrás nada, hasta que pases el límite definitivo.

La duda que te perfora ante el silencio gesticulante de quien ya no habla propiamente, y te dicen que no sufre y tú intentas con la mirada extraerle un gesto de confirmación de su tranquilidad y la tuya.

Una despedida casi formal, habiéndonos congregado todos los que éramos y debíamos estar, alrededor del lecho, se fue discretamente tras un suspiro profundo que significaba ya está. Hasta aquí la vida, cansada pero contenta. Lástima que no nos pueda desvelar el tamaño del misterio que ha conseguido driblar. ¿Será porque no hay nada? ¿Qué sentido tendría que alguien que nos quiere hasta la muerte no pueda rebelar si la muerte la ha liberado?

Será que polvo somos y en polvo nos convertiremos, sin más.

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