Efectos secundarios

Toda actividad puede resultar terapéutica en determinadas circunstancias y determinados sujetos. Indudable. Pero me negaría a aceptar que quien desarrolla una actividad permanentemente, con tesón, voluntad y pasión lo haga exclusivamente o principalmente por sus efectos terapéuticos. Matizaría que estos efectos deseables son efectos secundarios. Quien ciertamente necesite una terapia clínica no va a poder eludirla bajo los efectos de una actividad placentera.

Por eso, entiendo que quien se consagra a la escritura, por ejemplo, lo hace porque algo brota de su interior con la necesidad de ser externalizado y realizado, de alguna forma perenne y estética, más que por su proyección personal, a menudo por la perpetuación de lo que cree merecedor de serlo: su logos.

Debemos intentar no sentenciar o ningunear a quien escribe, sin estar en el circuito comercial literario, porque su deletreo digital puede ser tan terapéutico como el de Marías, Candel o Cercas, y no por eso escriben, sino porque tal vez llevan en el alma la tinta que no pueden evitar descargar cuando piensan en voz alta.

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