Ventisca y calma

Dispongo del día, como quien adereza su vida con la pausa requerida. Tras una ventisca, la calma que da un respiro hasta la pròxima borrasca. Pero, hay que estar alerta por la brusquedad del tránsito: de no vivir porque te viven, a no vivir si no te vives.

Quien está acomodado a las tormentas, corre más riesgo de hundimiento en estas veredas de aparente paz, porque debe ejercer algo inédito que no es la resistencia, sino la potencia de vivir. Esa capacidad escasamente desarrollada, esa afirmación de lo que sí se quiere ser, quedó atrofiada por la ausencia de su necesidad. Solo se sabe resistir y sostenerse reverberando un No.

La potestad de vivir hay que educarla, no es innata en un ser extraño con conciencia, porque lo que ejercitamos es la voluntad de querer vivir, y ésta solo se mantendrá seamos resistencia o potencia si desarrollamos ambas capacidades sea cual sea el contexto. De esta forma aprehenderemos que nuestro objetivo es vivir, y la resistencia o el poder solo un instrumento. Y este vivir es deseable desde el momento en que podemos atribuirle un sentido. Ahí está la educación de la libertad, y la expresión de ésta. Lo prioritario será que puedan encontrar un sentido, el que sea,porque eso les permitirá aprender los recursos para ser en la resistencia y en la paz. Quien no dé con un sentido, como seres con conciencia, buscará alternativas.

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