La plenitud de la diléctica

En el lenguaje, y en cuanto lo consideremos referente de él, en el mundo hay pares de términos en los que la presencia de uno sugiere la ausencia-presente del otro. Esto es casi de magia en el par presente-ausente –la presencia de A brilla por su ausencia- y daremos con otros de relación curiosa: pleno-vacío – la plenitud de A implica su vacuidad– alto-bajo- la altura de A me remite a la bajura de no-A frío-caliente –el calor de A exige el frío de A,…

Estos binomios dialécticos establecidos, claramente ya, al menos por Heráclito de Éfeso, poseen una cosmología implícita bien curiosa presente en nuestro sustrato cultural, más de lo que creemos.

Según el pensador griego el cosmos se sostiene a partir de estos pares de contrarios. Es decir imaginemos que el calor fuera cediendo tensión y     dejara de oponer fuerza al frío. Con el tiempo el calor desaparecía y solo restaría el frio en el cosmos con las consecuencias que esto tendría para el ecosistema planetario.

Pero este desequilibrio de elementos contrarios entre los que desaparecía la tensión dialéctica se iría produciendo en todos los ámbitos. Imaginemos que en el ámbito moral el binomio bien-mal cediera a su tensión. Podría ocurrir que venciera el mal, o que se impusiera el bien. Ahora, teniendo en cuenta el caos hacia el que parece tender el cosmos, ¿podría un griego afirmar que el desequilibro en el binomio moral tenderá al bien? Parece más apropiado con la concepción griega que la decadencia cósmica sea a su vez moral.

De manera similar quedan restos ancestrales en nuestra mente que nos llevan inconscientemente a esperar la presencia de fuerzas o elementos contrarios que nos ayuden a equilibrar determinadas situaciones. Es así cuando en los albores de una relación de pareja las estrategias de cortejo no te dejan vislumbrar si de odia o te adora. Cuando en el trabajo te sobrecargan de faena y no sabes si reconocen tu valía o te dan lo que no quiere nadie. Y, en un tono algo más clarificador si el mundo es una tensión eterna entre los que pueden y tiene/los que no tienen y no pueden o una dicotomía nada dialéctica entre ser para mí/ser por mí con los demás.

La enfermedad hace agradable la salud, el hambre la saciedad, la fatiga el reposo.

Heráclito

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