Música para ver

La música es un lenguaje, que dictado desde la emoción, expresa y contornea vivencias casi intransferibles. Digo casi, porque la experiencia particular nos es ajena, pero el cántico vital que la genera nos conmueve por identificación.

Si una sucesión armónica rompe el silencio que guardamos, y lo llena cautelosamente de esa serie musical, podemos moldear nuestra percepción de lo silenciado, con un toque más neutral. Nos ayuda a encalmarnos y a lograr mayor objetividad, en cuanto embarcados en las notas oscilantes de ese bajel, captamos la relatividad del juicio vital, expulsando por la borda la verdad, para dar juego a la subjetividad.

En síntesis, sin la música daríamos cuenta de nuestra percepción subjetiva del mundo, pero careceríamos de un instrumento de modelaje emocional y satisfactorio de esta percepción: de un elemento artístico que nos conecta directamente con la particularidad de la vivencia y nos permite, en cuanto se aleja de la abstracción del concepto lingüístico, transformarla

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