Los negados

Languidecer con el ocaso, como si metabolizara el ritmo natural y fuera disponiendo el cuerpo para agradecer el lecho.” Como si”, me tiento en el crepúsculo porque tal vez distraída asuma el hecho del lecho, y solo una vez consumado y consciente decida ceder a la regularidad impuesta sin más batalla.

Lo cual, no es óbice, para que a deshora retome la verticalidad y deambule mental y físicamente por la negrura solitaria, sintiendo el desvelo, saboreando el silencio nocturno que incita a la profundidad por la que ahondamos los sin sueño.

Aposentados en la hondura del crepúsculo sin eco, asemejamos ese páramo al abismo vital, y la grieta agria del vértigo existencial nos eleva el alma al tomar conciencia de que solo somos des-velados vitales, no des-esperados existenciales. Aunque tal vez llegue ese virus de la des-vinculación a los sin sueño crónicos.

No velados, no esperados, no vinculados. Los no vigilados,ni esperados ni por tanto vinculados son los que no hay ni que olvidar, porque nadie recuerda. Aquellos que queriendo catar la existencia sin miedo, han sido esquivados por los otros, por miedo a la acritud de los sabores.

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