Rabia: defensa tardía

De entre todas las emociones, una recurrente pero denostada es la rabia. Hay quien la ha denominado la hermanastra de entre ellas, por tener algo de fea y perniciosa. De hecho se considera la rabia como un enfado grande y violento ante una situación inesperada de injusticia o que se siente como un agravio. Tal vez el rechazo de esta emoción por uno mismo y socialmente sea el miedo a que nos desborde, al descontrol y que la agresividad se plasme en conductas no deseadas. La intensidad de la rabia es tal, que en muchos casos la asemejaríamos a una ira desproporcionada y sin garantías de autocontrol.

Ahora bien, que hayamos tenido estas sensaciones no significa que no sean más que fantasías producidas por el miedo a desbordarnos. A menudo tenemos formas de gestionar este exceso de rabia sin perjudicar a otros.

El problema radica también, no en cómo conducir la rabia, sino en el origen de este cúmulo de rabia. Sino atendemos a las causas parecería que estamos suponiendo que hay sujetos que tienen rabia y otros que no, y que los primeros son un incordio. Cierto, unos sí y otros no, pero ¿por qué? ¿Hay causas que llevan a estos sujetos a sentirse presos de estos intensos sentimientos de rabia? Los hay y pueden ser diversos, tantos que no me propongo abarcarlos aquí, solo deseo tenerme en uno de ellos.

Alguien que durante su infancia ha vivido preso del miedo, noche y día, sometido a una presión por la incertidumbre de que nunca sabía qué desgracia iba a acaecer –así se lo habían transmitido- y no se permitía romper el semi-silencio tenso, para no sentir se culpable de lo que ocurriera, crece marcado por el miedo a vivir, el terror a que él pueda ser testigo de la desgracia y además el culpable. Cuando crece y va siendo consciente de cómo funcionan las cosas en la realidad, comprueba que sus temores no procedían del mundo sino que eran inoculados en su mente por sus padres; y conforme se hace más consciente de esta manipulación absurda más se empieza a generar en él una sustitución del miedo por un sentimiento proporcional de rabia. Mientras hay miedo, no quedalugarpara la rabia, pero entendido el miedo se genera un huracán de ira que se puede temer empiece a vengarse de todo y de nada a diestro y siniestro. Tanta rabia como miedo.

Mientras en torrente de rabia no cede su intensidad no es posible plantearse el perdón que será lo único que acabará con el sufrimiento del sujeto.

Todo porque la inocencia del infante buscó y creyó que quien le cuidaba le quería. Es pues la inocencia la que nos hace susceptibles del mal.

 

El principio más profundo de la naturaleza humana es el anhelo de ser apreciado.    William James

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