Rapapolvo o Filopolvo

Lo que es obvio no puede ser presentado como problemático ni por el filósofo más sofista. La evidencia que se desprende de la obviedad no deja margen de acción a la retórica ni a ningún tipo de manipulación. Lo que sucede es que acostumbramos a confundir lo obvio con lo que nos parece verosímil por el sentido común y, claro está, no es lo mismo.

Recordemos, para establecer una diferenciación rápida y no caer en una cadena interminable de argumentaciones, el proceso cartesiano por el que establece la existencia de una mente pensante y en qué condiciones: la actividad mental me garantiza la presencia de un yo –sujeto de esta actividad-solo mientras se está produciendo esta actividad. En cualquier otra circunstancia, no puedo afirmar nada con certeza. Es decir, resultaba obvio que mientras hay pensamientos, hay un sujeto que los produce. Cuando cesa la producción de estos ya no tengo certeza del sujeto. Alguien diría que es de sentido común que sí hay un sujeto que produce ideas, este está mientras las produce y en el tiempo en que no las produce. Podríamos decir que sería probable que así fuera, que el sentido común nos llevaría a aceptar esto, pero no diríamos que es obvio ni evidente porque no podemos tener certeza.

Así el sentido común nos orienta sobre lo probable y verosímil, la certeza la obtenemos de la racionalidad y la lógica.

Retomando pues la cuestión inicial decíamos que ni un filósofo bien adiestrado puede convertir lo obvio en un problema. Cuando decimos que la filosofía se cuestiona aquello que consideramos obvio y lo problematiza, lo afirmamos porque presuponemos que estamos errando en el momento de calificar por el sentido común algo como obvio. Más atinado sería apuntalar aquello que parece obvio, pero que en realidad no lo es.

Por eso a veces se tiene la percepción de que la actividad filosófica consiste en darle vueltas a las cosas “que no nos llevan a ninguna parte”. En sentido literal es cierto, la filosofía no es un tranvía, pero ayuda a explicitar los implícitos que ejercen la manipulación social e individual en las actuales sociedades “democráticas” para que traídos a la conciencia vayan perdiendo su eficacia. Utilizando una imagen que pueda servir de paralelismo, es como si por una parte fuera el psicoanalista de la sociedad para desenmascarar las fuerzas que dinamizan lo político-económico, lo social y lo cultural. El mejor mecanismo de defensa contra un control sibilino.

Por otra parte, la filosofía tiene una exigencia de honestidad no ideológica –algo así como la objetividad científica- que implica desmontar las redes que el propio sistema tiende para satisfacer los vacíos que horadan al individuo inmerso en un entramado absurdo. Los métodos, libros de autoayuda o que preparan en un tiempo breve a cualquiera para orientar hacia la felicidad a los demás -con frases estimulantes que se asumen como mantras pero que son falsas: “persigue tus sueños que los conseguirás” “quiérete a ti mismo”,…-son formas rápidas de autoengaño que calman la ansiedad temporalmente y son a la vez una fuente de ingresos nada desdeñable para el sistema.

Además, no debemos olvidar que si en occidente hubo y hay una disciplina que se preguntó el porqué de todo porqué, fue la filosofía y a esta atañen las cuestiones que se hallan en la sombra de toda otra cuestión. Porque la especialización del saber, necesaria en las sociedades complejas que vivimos, no exige prescindir de la labor filosófica, sino al contrario integrarla en cada ámbito del saber, como crítica y metacrítica.

Ahora bien, dedicarse a la filosofía, si uno se implica por vocación, no es ninguna bicoca. Es como mezclarte con todo tipo de personajes, repensar con cada uno, buscar las inconsistencias, enemistarte e irte con otro equipo, porque a nadie le gusta una crítica aunque sea constructiva. Y así en un eterno retorno del que también serás expulsado porque quien forjó el concepto tampoco admitirá tus objeciones. Y tras este largo paseo mental quedas tan destartalado que tus propias ideas se sustentan en la inconsistencia cósmica. Todo para tener trabajo en la enseñanza –en la que personalmente disfruté muncho- Por eso, advierto de que la filosofía necesita intelectos con vocación, porque pocos van a publicar y a poder vivir medianamente de filosofar y estar activo en la vida cultural de la sociedad.

No obstante, es un viaje impagable sin el que creo que muchos no podríamos haber subsistido.

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