¿Inmortales?

Dialogaba, hace días con un amigo, sobre el deseo de inmortalidad del ser humano. Me quedé algo perpleja porque creía que, en esta sociedad hipermoderna[1]vacía de ideales, ni la inmortalidad, ni el deseo de ser dioses implícito, tenía ningún tipo de adhesión, por cuanto el nihilismo individualista arrastraba al colectivo a un pragmatismo y un realismo extremos, donde no es cuestión de creer en la posibilidad de que el hombre alcance la inmortalidad, sino de querer que así sea.

Cuando mi interlocutor expresaba que, si era una opción, no había motivo para desdeñarla, mientras no te tuvieran trabajando –claro está- percibí una cierta frivolidad en su respuesta, típica del que si se puede se hace –harto peligrosa- y de quien no se ha sumergido ni en la profundidad de sus zapatos. Evidentemente, mi comentario inmediato fue:” ¡qué horror!””¿Para qué?” Tal vez porque era plenamente consciente de que no hablábamos de irnos al paraíso, sino de ser inmortales en este mundo, con la observación por parte de mi amigo de que solo estaría al alcance de unos pocos, entre ellos, él.

Obviamente utilizo aquí la palabra amigo de forma laxa. Lo puntualizo porque no entramos realmente en diálogo, fue una conversación de pie de diez minutos y seguramente volveré a verlo pero no tendré ocasión de retomar el asunto.

No obstante, fue sugerente ese mini intercambio porque me llevó a cuestionarme si alguien que se haya planteado con profundidad el sentido de la existencia, y haya pasado posteriormente por ese cedazo al resto de humanos, que existen pero no viven sacudidos de indignidad, ¿pueden querer ser inmortales en este mundo? ¡Cómo querer ver por toda la eternidad el deterioro y decadencia de una especie cuyo mal surgió al tener conciencia! Paradójicamente lo que nos podría acercar a la inmortalidad es lo que nos destruirá. Quizás sea deseable utilizar la capacidad en no desaparecer como especie que en dotar de inmortalidad a los privilegiados de siempre. Tristemente, me temo que la decisión la tomarán ellos.

[1] Asumo el concepto acuñado por Lipovetsky entendido como profundización de la sociedad postmoderna que supera de facto por completo los restos de la modernidad. Difiero en cuanto a lo que tiene valor en esta Sociedad, quizás porque el concepto expuesto en una obra del 2006 ha quedado puesto en cuestión por los hechos. “Los tiempos hipermodernos” Anagrama.

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