Rapapolvo o Filopolvo (II)

Hay circunstancias durante la existencia que te inducen a visualizar otras perspectivas. Entonces, quizás hay esfuerzos empáticos sobrantes, porque la experiencia es el referente en sí.

Descender de una salud pletórica a una enfermedad que te incapacita, el tiempo suficiente, para que tu mente te sienta nulo.

Perder a quien estamos apegados, sin preaviso, de cuajo y sentir la exigencia del entorno de que hay que seguir, como si la ausencia fuera algo que pudiera reponerse en un supermercado.

Deteriorarse progresivamente hasta que un buen día uno se siente mermado por el cansancio vital [1]“un cansancio como accesibilidad, como consumación del hecho de ser tocado y también como posibilidad de tocar”. Un estado, al fin y al cabo, límite en el que somos accesibilidad, con el otro, y por tanto perspectiva constante.

Cualquiera de estas hipotéticas circunstancias es transformadora. Abandonamos lo teórico para anegarnos de vida y poder, desde el dolor acuciante, germinar una reflexión encarnada en la existencia. Así, ya no construimos teorías huecas que resultan a muchos baldías, sino que discurrimos sobre la vida desde la experiencia. (Lo cual, obviamente no significa que tengamos que vivirlo todo).

La reflexión filosófica se nutre y legitima por la existencia.

 

 

[1] P.Handke.Ensayo sobre el cansancio. Alianza editorial 2006

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