La voz enjaulada

En los tiempos que corren, que son los que hay, levantar la voz por la libertad de expresión de los medios de comunicación me parece un acto de cinismo al que me provoca cierta alergia sumarme.

Unos medios sometidos con el mutismo absoluto de los profesionales al dominio de los que los dirigen económica y de rebote políticamente, no merecen el apoyo de los ciudadanos cuando algún periodista cae por haber incurrido, puntualmente, en un altercado contra los poderes que sostienen su medio de comunicación. Teniendo en cuenta que son cómplices permanentes del intento de manipulación de la ciudadanía no pueden recurrir a esta para demandar apoyo, porque el acto de cinismo sería supino.

Siendo así el estado de las cosas, me parece más preocupante la falta de libertad de expresión a la que se ven sometidos los ciudadanos y en la que los medios de comunicación no muestran nunca con contundencia su rechazo. Todo lo que dices puede ser tergiversado, de una manera rocambolesca y ser objeto de aplicación de la denominada ley mordaza. Paradigma de ello el asunto de los titiriteros en Madrid, que aún creo que no entendemos muchísimos ciudadanos, el por qué se consideró delito y qué, qué interés había en incriminar a esos artistas en aquel momento. Así es que los que escribimos nuestra opinión libremente a través de blogs no tenemos nunca ni la garantía ni la certeza de no estar incurriendo en un delito ficticio del que seremos inculpados –o investigados, que siempre es más sutil-

El problema de nuestra democracia no es que no sea democrática en su proceder, que eso ya hace tiempo que se reclama como carencia, sino que empieza a dejar a serlo porque está eliminando, de facto, derechos argumentando que los defiende, y eso huele a “todo por el pueblo pero sin el pueblo”. Es decir, a veces da la sensación de que estemos transitando a un sistema neoliberal de derechas pero no democrático, progresiva y paulatinamente, para que no nos demos demasiada cuenta, porque lo que menos interesa a las élites en estos momentos es que la mayoría opine y deben estar cansados del esfuerzo de manipulación que se está convirtiendo en ocasiones en represión.

En síntesis, la libertad de expresión es un derecho formal, ineludible aún, que no interesa a los poderes dominantes, porque eso implica, entre otras cosas, escuchar la voz de la mayoría de la que esas élites prescinden, ya que son un escollo para lograr sus fines: beneficios económicos.

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