Esclavitud

Quien tiene una carga adherida a su yo, que no le es propia, y la asume en toda su extensión, siente disiparse como su sujeto, sino es en vistas a soportar y encauzar el lastre.

El tiempo ese gran escultor, como diría Marguerite Yourcenar, no hace más que solidificar esa esclavitud dañina. Hasta que, agotado y exhausto, el yo, el sujeto desintegrado aflora abruptamente reclamando su lugar, su espacio, su derecho a ser por sí mismo.

Quizás al reaccionar en época tardía, ya no encuentre ni rastro de los resortes de los que debió disponer para estructurar su personalidad, y cabizbajo y desorientado, se tope con un vacío enmohecido por su ausencia. Nada queda expulsado el yugo.

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