La mirada social

La mirada, en nuestra sociedad, es un rastreo superficial sin aumento. Todo se calibra con la rapidez de un paseo aéreo, lejano y de conjunto. Sin embargo, cada estrato exigiría un análisis detallado, en sí mismo y con la voluntad de traspasar la apariencia dentro del mapa global. La sociedad no es un supermercado donde lo que cuenta es la adecuada distribución de los productos y su presentación, junto a un precio asequible. Quizás, las leyes de la oferta y la demanda no funcionen para dar cuenta de cómo opera un entramado social constituido con un fin, distante a la obtención de uno crematístico.

Así, si concebimos la sociedad como una alianza de cooperación para salvaguardar el interés general, habrá que organizarla con algo más de consistencia que si fuera un objeto de consumo. Eso, no excluye que la operatividad social se reoriente posteriormente al beneficio de unos pocos, pero como estructura debe estar organizada en vistas al colectivo que la constituye.

Por ello, una mirada desenfocada, que no trascienda la dermis de lo social, no podrá transformarla estructuralmente y contribuirá a la banalidad de un mundo insubstancial que beneficia a los que lo utilizan en su beneficio.

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