El rastro de una generación

Una perspectiva desde la cual caracterizar la Sociedad de una época es atendiendo a la forma en que los individuos viven las diferentes etapas de su desarrollo. Opongamos por ejemplo la que podría denominarse la última generación de la modernidad con la primera de la postmodernidad.

MODERNIDAD                                                       POSTMODERNIDAD

Infancia Esperanza,ilusión, posibilidades Infancia Esperanza,ilusión
Adolescencia Duda, insatisfacción Adolescencia Duda,turbulencia, insatisfacción.
Juventud Esperanza,posibilidad de cambiar el mundo Juventud Realismo, adaptarse a lo posible. Necesidad de “volar” e huir en lo privado
Adulto Realismo,adaptación a lo que hay Adulto Realismo, decepción.

 

Vemos cómo la generación de la modernidad va desarrollándose en las distintas fases atendiendo al crecimiento según las características que se han considerado propias del desarrollo psicológico. Así el paso de la infancia, en que la magia es posible, transcurre por una adolescencia en que el individuo necesita reafirmar su identidad, asumiendo lo que ha recibido como propio y desestimando como ajeno parte de esto, para recuperar la energía y la ilusión en la capacidad de los jóvenes de hacer del mundo algo mejor de lo que han hecho los adultos, y en consecuencia rebelarse, buscar nuevas formas de hacer y vivir, confiados de que existen mundos mejores.

Por otra parte, observamos que la generación postmoderna una vez entra en la adolescencia pierde la esperanza en la posibilidad de un mundo mejor. Es como si al salir de la infancia recibieran un baño de realismo y se hicieran conscientes de la complejidad del mundo, de la insignificancia del individuo y que de lo máximo que pueden aspirar es a sobrevivir en esta selva y a resguardar el ámbito de lo privado para evadirse, gozar y disfrutar. Se entiende así, que se haya caracterizado al individuo postmoderno de individualista, hedonista. Entiendo que son adjetivaciones que profundizan poco en el drama de la postmodernidad, que no es más que el despojo de una sociedad que aglutina los restos de una modernidad muerta definitivamente.

Hoy, situados en generaciones que empezamos a ver algo distantes de lo que ha sido propiamente la postmodernidad, los jóvenes navegando en un vacío al que ya están acostumbrados no se conforman solo con evadirse, que han comprobado banal, sino que se han lanzado a la búsqueda de formas de vida más satisfactorias, aunque me temo que de esto ya se ha aprovechado el mercado con recetas rápidas y fáciles de consumo: libros de autoayuda, coaching personal, fuentes saludables de felicidad novedosas.

En conclusión, somos hijos en gran parte de nuestra historia, lo cual no justifica que nos dejemos arrasar por la corriente. Pero el primer acto crítico es saber cuál es la corriente para poder decidir si me subo a la cómoda inercia o intento ser yo mismo.

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