Escuela: Happy Park de la vida

Tras llevar una hora –a deshora- ante la pantalla infructuosamente, ha acudido a mi mente lo escarpados que eran a veces los procesos de comprensión como estudiante. La satisfacción y la convicción de haber dado un paso significativo, no iba asociada a las notas que los profesores ponían en mis exámenes, sino a la conciencia que yo tenía de haber interiorizado y ser capaz de avanzar y relacionar los conocimientos; percibiéndome casi de la necesidad de otros conocimientos nuevos que subsanen las incertezas que dejaban abiertas las soluciones anteriores.

Este camino, que parecía infinito, era solo un intento de alcanzarla comprensión del mundo presente, desde distintos ámbitos del saber, pero que como conocimiento establecido y admitido socialmente, necesitaba adquirir para estar plenamente en el mundo. Así, no servía con retener el resultado admitido, sino que me parecía fundamental su comprensión, para poder cuestionarlo en caso de que así fuese. Tras esta educación, en la que incluyo el bachillerato, no conseguí entender el mundo en todos sus aspectos, como hubiera querido, pero esa visión se completó más con la formación universitaria. Cierto es, que nunca llegas a una satisfacción de la formación que recibes. Recuerdo como algo fundamental, en ese proceso, mucha lectura, y preguntar a profesores y a alumnos que consideraba más avanzados para lograr clarificarme en aquellos aspectos que se me presentaban confusos y oscuros. También, que aprender he ido aprendiendo a lo largo de la vida, pero a partir de una base y unos recursos que algunos profesores de referencia han ido ayudándome a desarrollar.

Sostener una hora o dos en blanco la mirada perforando la pantalla, habiendo tenido la experiencia de que otras veces el esfuerzo ha dado su fruto, es posible.

Por el contrario, lanzar a un alumno hoy en día al entramado de la red, sin criterios de selección de la información –porque no tiene conocimientos previos sobre el tema que le permitan disponer de criterio- es como abandonarlos en medio de un océano con una barca con remos, y pretender que llegue sin esfuerzo, y pasándoselo bien, descansando cuando lo necesite, a buen puerto. El símil puede contener paralelismos desagradables, pero salvando las grandes distancias el objetivo es igual de inalcanzable. Los alumnos podrán presentar con mil argucias un trabajo pasable, pero analicemos las conclusiones y si no han copiado el trabajo directamente de internet, constatemos que poca consistencia y profundidad alcanzan. La razón: no se han apropiado de la información y la han elevado a conocimiento. Esto, sin un entrenamiento que debe durar la etapa del bachillerato para que se empiece a ejercitar en la universidad es imposible.

Así, no entiendo que si yo puedo pasarme una o dos horas ante la pantalla en blanco, porque no escribo cuando quiero, sino cuando puedo, teniendo en cuanta que soy un humano limitado, y que por mucho esfuerzo que ponga y voluntad que tenga, el mundo no se doblega a mis pies, las nuevas y mágica tendencias educativas desprecien el esfuerzo, el sacrifico como algo anacrónico. Estos están convencidos de que el alumno –y así lo declaran algunos que por supuesto no pisan el aula- va contento a la escuela, antes decían tener fiebre para no ir y ahora no dicen que tienen fiebre para ir, tiene ganas de aprender, se divierte aprendiendo, no hay asignaturas ni horarios, salen al patio cuando quieren,…vamos el happy park. Como decía, si la realidad impone unos patrones de exigencia y competitividad contrarios a los que estas escuelas proponen, ¿serán capaces de adaptarse a la sociedad cuando abandonen las escuelas? ¿Habrán desarrollado algún tipo de actitud crítica? ¿Por qué proteger e infantilizar en un entorno ficticio por más tiempo a los alumnos? Teniendo en cuenta, además, que el desarrollo de su madurez intelectual no se habrá producido con la metodología que proponen, y que ya hemos revisado, porque justo ahí necesitan más tutela.

En un escrito anterior pensé que nos enfrentábamos a una generación de genios. Ahora, creo más bien, que deben ser consecuencia del cambio climático o de alguna mutación genética interesada en reproducir el Emilio de Rousseau.

Sea como sea, debemos esperar que las nuevas propuestas caigan por sí mismas, que consigamos que la LOMCE se pudra y se realice una reforma de consenso en que las humanidades ocupen el lugar que deberían tener en la formación íntegra de un alumno, y que haya por fin un pacto de estado sobre educación.

 

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