Las colas del hambre

Sumidos en la miseria, de una mediocridad consentida nos hemos entregado al maltrato, que no percibimos como tal. Somos de esas víctimas que padecen el síndrome de Estocolmo, y ya no recuerdan que han sido violentadas por quien les da comer -aunque en realidad les quita-

Tan solo esto explicaría que tras las colas del hambre, no haya revueltas exigiendo pan, ya que todo apunta a más horas de espera y a más ciudadanos solidarios que hagan posible las colas, con  algo de comida al final.

Esto, no es ya una situación transitoria y esta pérdida que se hará patente, en un tiempo breve, quizás dé lugar a que la mediocridad exprese otros aspectos menos pacíficos exigiendo soluciones inmediatas a lo que han padecido durante casi una década. Impacientes no son.

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