Insospechado

Sin notarlo, casi, acontece que el curso de la vida -el previsible, el esperado- se hace trizas y salta por los aires; y en esa caída libre quizás te veas postrado en el lecho de un dolor inaudito, desconocido, insospechado que te torna proclive a repensar el sufrimiento, como estaca paralizante. Ese tormento, que desplaza el ánimo hasta ser suplicio, que se metamorfosea en desconsuelo mental, incendia la llama que nos sacude la duda: ¿el dolor tiene doble aspecto, o uno acaba siempre desvelando el otro, con lo que son el aspecto?

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