Presencias-ausencias

Existimos, y como tales amarrados al mundo, turbados entre presencias y ausencias que se antojan espectrales, imprecisas. Este devaneo casi metafísico entre lo que es y no está, y lo que está pero no es, nos sitúa en el abismo de la confianza, ese imposible de aceptar. Ya que la distinción entre la presencia de o su ausencia no puede ponerse en manos del azar, sino que debe haber una percepción neta entre ser y no-ser, que minimice el riesgo de error. ¿Cómo puede mi yo llenarse de apariencia hueca de igual manera que de plena presencia?

De hecho la presencia puede ser apercibida o alucinada, casi por el deseo ferviente de plenitud de lo otro. Ahora bien, la ausencia solo puede sentirse como carencia de algo que se ha poseído. Si ese echar de menos es de un calado profundo podemos intuir que esa ausencia es el mayor testimonio de la presencia referida.

Sentir las ausencias es la manifestación de que hubo presencias, por el contrario quien siente ausencias como vacías y no puede encontrar su correspondiente presencia, es un nihilista emocional que derivará por extensión a la nadería existencial.

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