La sociedad de la saturación

SÉ QUE ESTOY FALTANDO A MI PALABRA. SOLO UN PEQUEÑO PARÉNTESIS EN MIS VACACIONES PARA DEJAR RASTRO SOBRE UNA CUESTIÓN QUE ME RONDA Y QUE TENDRÁ SU PROLONGACIÓN EN SETIEMBRE. DONDE HABRA NUEVO DISEÑO DE BLOG PERO MISMA DIRECCIÓN Y DOMINIO. HASTA ENTONCES.

Saturados de maldad e incapaces ya, de metabolizar la propia y la ajena, el humano del S.XXI convulsiona y vomita ante la posibilidad de reconocerse en algún artefacto artístico como Lucifer; Temiendo que el arte disponga, por naturaleza, de una función especular, no soporta re-conocerse, porque se conoce. Sabe del dolor, la maldad, el salvajismo que delata en parte la calaña de su especie, y por ende su imposibilidad de cambiar. Ha decidido no mirar, no ver, tender su ser hacia los que pregonan el positivismo frívolo y superficial del buen vivir, de los que versionan el canto de las sirenas para los hombres y mujeres de hoy, con lemas que motivan a una alegría y esperanza huecas, sin sustancia, pero de la que es peligroso moverse y pensar o sentir lo que surge en el interior y no lo que me imponen desde el exterior. Esos gurús de la felicidad, que dicen lo que debemos creer y sentir para ser feliz, son el último suspiro a los que el hombre se apega para seguir respirando sin  oxígenos artificial.

Por todo esto, la época que vivimos dice no, a la filosofía –a la que tiene sus raíces en los presocráticos y da lugar al pensamiento occidental, con todo lo que conlleva- no, a la introspección; no, a la búsqueda de lo auténtico; sí, a matar el dolor y el sufrimiento –aunque siga ahí reprimido- sí, a creer que en un humano puede considerarse feliz en un mundo deshumanizado como el nuestro.

Y sumemos a esto, la negación de todo aquello que me incomoda o me altera –me apaga el canto de las sirenas- neguemos lo negativo, sin comprobar qué dosis de verdad contiene. Lancemos un grito ensordecedor de alegría porque es la única manera de vivir.

Así, ya no vivimos solo en un mundo líquido, o híper-moderno o post-humano, o todos y cada uno de los conceptos que se han usado para describir el tipo de sociedad que surge tras la segunda guerra mundial y, yendo más allá, diríamos tras la victoria del neoliberalismo como pensamiento único. Nos hallamos en una sociedad líquida –donde nada es plenamente y todo fluctúa con la facilidad de un líquido- post-humana –porque incluso los derechos humanos han perdido validez, y ya no es lo humano el criterio último y límite de valoración, y saturada como consecuencia de la insustancialidad y la inmoralidad anteriores. Esa saturación es mental y moral, porque ya no  podemos reconocernos en esa inmoralidad, nuestra mente niega lo que somos.

Así ningún producto literario o estético que emane o sea testigo de la realidad en que vivimos tendrá eco en la sociedad actual. Será denostado, ninguneado, escondido, y acusado de negativismo, como si solo se mostrara una parcela del mundo. La otra, claro está, es nada más y menos que el mundo de los gurús de la felicidad, con el canto de las sirenas de fondo. (Autoayuda, coaching,…)

Esta huida hacia delante, tan solo puede ser un temblor temporal. Los lenitivos, al no tener sustancialidad pierden pronto su eficacia y el desencanto desenmascara la trampa que constituían. Ese será pues el momento en que la saturación, junto con el desencanto delas falses huidas provoquen una reacción en los humanos que esté a la altura de las circunstancias. Esta es la única esperanza posible; si no lo es, afrontemos la absoluta desesperanza con la fortaleza que implica aceptar el vacío el sin sentido, sabiendo que nada nos obliga a ser salvajes.

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