Red social o red mental

Una red puede ser un entramado de conexiones que estimule e intensifique la comunicación entre los distintos elementos unidos. A su vez, puede ser un conjunto de mallas, más o menos entrecruzadas,  que envuelvan un elemento y que según vayan espesándose hagan más dificultoso  desenredarse. Curiosamente, la red social por no ser literalmente ni una, ni la otra, pueden ser ambas.

Veamos; las redes  pueden conectar y comunicar a un individuo con un número indefinido de ellos. Estas conexiones se realizan de forma rápida, inmediata, unidos a menudo por un fin común, un interés parejo,…lo que provoca una fluidez y espontaneidad intensas, hasta el punto que la sensación de intimar puede confundir la naturaleza de la relación que se crea. Hay quien considera que se crean vínculos más rápidos y veraces que en la realidad, que virtualmente es más fácil. Personalmente, creo que es más riguroso denominar a esto, que parece un vínculo, una conexión fugaz, que por intensa y veraz que se nos antoje no compromete, porque nos ampara un relativo anonimato, el parapeto de la máquina, y el poder de dominar quién presento que soy. Nos podemos sentir cómodos durante la conexión, pero sin garantía de continuidad, ni compromiso. Evidentemente, siempre hay excepciones y cuando una relación pasa al plano de lo real, diremos que la naturaleza de la relación está cambiando. Aquí hablamos de contactos exclusivamente virtuales, que pueden producir una sensación emocional absolutamente falaz.

Por otra parte, el ordenador puede acabar convirtiéndose en una prolongación de nuestro yo, y sentirnos menos capaces de relacionarnos en la vida cotidiana que en lo virtual. Podemos llegar incluso a ordenar el día esperando el momento de conectarnos, como si fuera el momento más auténtico y satisfactorio de nuestra vida. Un momento virtual, en el que puedo controlar con relativa facilidad quien soy ante los otros, distinto seguramente del que soy en realidad. Así, las redes sociales que como comunidad política y social tienen innumerables ventajas, en las que ahora no entraré, pueden resultar un riesgo por su abuso y confusión a nivel personal. No estoy hablando de adolescentes –que sería otro tema con enjundia- hablo de adultos que cubren sus necesidades y sortean sus dificultades de forma obsesiva llegando a puntos peligrosos para su propio bienestar. Se convierte así la metafórica red social, en una red mental que enjaula, esclaviza y distorsiona la personalidad e identidad del individuo que tan solo creía estar conectado.

Huelga del metro en Barna

Un servicio público cubre necesidades básicas para el funcionamiento de una ciudad, sin el cual se ven afectadas otras áreas públicas o privadas que la ciudadanía, a su vez, utiliza para  el mantenimiento de su vida cotidiana.

Estos servicios públicos deberían tener una regulación propia en el derecho de huelga que atendiera al bien común. Desconozco por completo la reglamentación, pero como de facto el Servicio metropolitano de Barcelona pacta en cada ocasión los servicios mínimos, entiendo que no existe o que nadie la respeta, que viene a ser lo mismo. Así estos mínimos no garantizan el derecho de los ciudadanos a un transporte público que les permita acudir a su puesto de trabajo con la regularidad y puntualidad exigida, en un momento, en que sabemos, que cualquier excusa es buena  para que te inviten a ser emprendedor. Tampoco, por supuesto, permite otro tipo de tareas necesarias que implican desplazamientos para atender a personas discapacitadas u otras situaciones de necesidad.

Viendo que la posibilidad de regular los servicios de transporte públicos en momentos de huelga es nula, muchos barceloneses se han cuestionado si, siendo el contencioso con la empresa de transportes y no con los ciudadanos, no ejercerían mayor presión y protegerían a los ciudadanos de perjuicios, hacer huelga de brazos caídos en las taquillas, abrir las puertas y dejar que los usuarios entraran sin pagar. Tal vez, este gesto de forma indefinida, que implicaría pérdidas diarias en el transporte, sería una acción con más eficacia y menor perjuicio para los que no tienen nada que ver en el asunto.

Pensemos que, por ejemplo, los profesores y trabajadores de la enseñanza, como servicio público ha estado sobradísima de motivos para hacer huelgas indefinidas desde los cursos más bajos. Pero la responsabilidad social con la que ejercen su vocación y que nadie destaca –por eso lo hago yo aquí- ha descartado esa posibilidad por considerar irresponsable dejar a las familias con el problema de tener a sus hijos en casa, sin saber qué hacer para ir a trabajar, o llevarlos a un centro donde no se imparte clase y hay unos vigilantes que no garantizarían del todo la seguridad de sus hijos –diga lo que diga la consejería de enseñanza- Este acto de conciencia, porque los niños no son objetos de negociación, sino sujetos, personas a proteger y esa es siempre la voluntad del profesorado –proteger no significa aquí edulcorar- podría hacerse extensivo a otros colectivos y reflexionar sobre la situación de los ciudadanos que utilizan el metro. No son precisamente los pudientes de la sociedad sino en su mayoría personas con menos poder adquisitivo que ellos que están en huelga. No se merecen encima, pagar su huelga, que la pague la administración pública, trabajen y dejen pasar gratis a las clases más desfavorecidas que son los usuarios del metro.

Lo nuevo,vende

Insistir reiteradamente en una forma de entender un aspecto de la sociedad no te da la razón. Lo que pasa es que ves cómo,  la perspectiva que consideras errónea,  se cuela por los  resquicios más insospechados de la opinión pública, como si tuviera las  propiedades de una culebra, y temes que el silencio de algunos sea en breve su fracaso, y de forma aplastante el triunfo de otros. Hay formas estratégicas muy sibilinas de ir creando un estado de la cuestión y un pensamiento mayoritario respecto de lo que habría que hacer, que nos podrían parecer inofensivas, pero  que ponen sus semillas allí donde es importante que vayan dando frutos: mediante textos de ejercicios en exámenes públicos de la administración; teniendo  una base de adeptos importante a los que se “invita” a practicarlo y difundirlo,  utilizando por los medios de comunicación, las redes sociales, organizando, congresos y jornadas y acaparándolos para que bajo títulos generalistas se extraigan conclusiones que se ajustan a sus ideas.

Después las herramientas para aplicarlo y hacerlo posible puede distar de los fines y traicionarlos a su paso, pero eso suelen ser los menores efectos colaterales sin importancia.

Por esto es fundamental superar el corporativismo, y dentro de éste la idea de que tal “marca “es la mejor o superior a la otras. Sobre todo cuando este tono de prepotencia proviene de las Juntas que dirigen y hace años que no trabajan directamente por los objetivos humanos de la Institución. Es loable querer trabajar con responsabilidad y seriedad, pero no  en nombre de los que deben hacerlo, acallando sus opiniones, y a costa de su tiempo personal y sus principios. Esto entre otras cosas es de entrada contradictorio con cualquier proyecto de crecimiento humano.

Metáforas de la ignorancia

El infinito es uno de esos términos que solo puede ser pensado en negativo. Es decir como lo no-finito, aquello que se sitúa en el otro lado. Así, lo consideramos porque si realizáramos el esfuerzo de llenar de contenido, de pensarlo en positivo, el infinito, casi sentiríamos crujir nuestras neuronas, a no ser que hiciéramos  a voluntad un ejercicio metafórico. Ahí sí, ese es el ámbito donde es posible que la mente transite sin dolor.

Lo aplicado al término anterior sería extensible a otros que se nos hacen inexplicables por impensables. De lo real, por ejemplo, aunque podríamos decir alguna cosa, no nos moveríamos  de la reiteración de tres o cuatro conceptos que sabemos son pertinentes. A pesar de ello somos incapaces de afirmar mucho más, que no se sitúe en el ámbito de lo metafísico porque de alguna manera, ¿alguien es capaz de pensar lo real? De este decimos que es, que no está determinado, porque entonces sería lo existente y no es lo mismo, que para ser debe tener cierto grado de estabilidad,….y poco más.

Parece que lo fundamental se dirime allí donde no alcanza nuestro pensar. Pero, en cuanto estamos mejor constituidos para decir lo que no-es, que lo que es, deberíamos acotar hasta la extenuación este espacio, y soltarnos, tras ello, en el transitar metafórico que sea, como aseguraba Nietzsche, una fuente de conocimiento intuitivo de una riqueza inaudita.

Pre-campaña en Venezuela

Parece que se ha puesto de moda viajar a Venezuela, al menos como destino turístico al que acceden nuestros políticos en pre-campaña. Bueno, todos menos uno, que según el grado de suma confianza que todos le atribuían con Maduro, sería el más efectivo, pero que a su vez sería el único decapitado si lo hiciera, Pablo Iglesias.

Sinceramente me pregunto quién puede otorgarse el rol de intermediario si, atendiendo a algunas fuentes de información, la presentación y “análisis” del caso Venezuela no ha sido hecho con objetividad. Cierto que la figura del presidente y sus actos no han ayudado nada a la credibilidad, pero eso no justifica que se haya cedido a un simple maniqueísmo propio de los años 70-80 en Latinoamérica propiciado desde la sombra por EEUU.

Deberíamos, o diría más estamos obligados en las democracias occidentales a disponer de toda la información para no caer en políticas interesadas y maniqueas, porque eso sería justicia. Puede que los gobiernos europeos sepan qué pasa y como siempre los bobos manipulados seamos los ciudadanos.

Pediría a los políticos españoles que dejen de viajar a Venezuela, si no es para conseguir una versión más ajustada de lo que allí ha pasado y está pasando. Sobre la figura de Maduro no necesitamos más que contextualizarla y aceptar que mesías también tenemos aquí. Pero me parece que no podemos  desviar el problema y personalizarlo, porque algo más ocurre y ha ocurrido en Venezuela, para llegar a esta situación. Maniqueísmos americanos no, gracias.

La mano invisible

La mente se espesa de tanto suceso recurrente. Al menos esa parte que continuamente está sometida al influjo de los medios de comunicación. Consiguen crear un mundo montamente cíclico donde la voluntad siempre es sospechosa y las acciones degradantes. Forcejean con nuestros restos de esperanza para configurar una cosmovisión, resultante de centrifugar al individuo y obtener mentes cansadas, empalagadas e indiferentes a la actividad política social.

Derrotadas las mentes, el camino les resulta plácido, no hay resistencia, ni voluntad  opositora, solo extenuación que busca resguardo de tanto horror. La mano invisible, que hoy es mucho más poderosa que en su origen, se extiende con “impunidad casi justiciera”, y ejecutará el exterminio silenciado de los más débiles, que siempre son sustituidos por los que ellos hacían menos débiles. Así se irá llegando al final.

Periodismo y Filosofía

Ser periodista, para algunos, constituye una profesión arriesgada, osada y rebelde, mientras lo es. Cuando no, se convierte en una especie de funcionariado sometido al poder. Algo semejante pasa con los filósofos, o por allí donde pasan sus palabras resquebrajan el statu quo, o ser filósofo no deja de ser un acomodarse a ese estado de cosas.

Porque si el periodista busca informar sobre lo que pasa realmente, deberá necesariamente trascender el ámbito de los hechos, mostrar la interpretación de estos que se hace de las partes implicadas, así como de sus argumentos e incoherencias. De la misma manera, quien se presenta como un crítico de lo que es y deviene, deberá poner en cuestión desde lo sagrado hasta lo más obvio, para demostrar que el análisis racional solo debe detenerse en aquello que constituyen sus límites, no los muros impuestos artificialmente por otros intereses externos.

De esta forma, analizando hechos y conocimientos no seremos más sabios quizás, pero sí menos ignorantes.