David y Goliat

Hoy es la onomástica de aquellos que se les impuso el nombre de David. Figura profética y venerada por el cristianismo, el judaísmo y el islam, es un eslabón casi de consenso. Aunque sabemos que este no se da sino hay voluntad ni interés para ello.

Partiendo de esta raíz religiosa común, siempre me ha fascinado, tal vez por ese ramalazo, que todos tenemos, de desear que se haga justicia aunque sea a golpe de magia, la descripción bíblica de la batalla del minúsculo David contra el gigante Goliat: Cómo una pedrada bien dirigida le sirve para tumbarlo y poder decapitarlo a continuación con la propia espada del gigante. Asombroso, mágico, increíble.

Llevar por nombre David debe llenar de coraje y valor, aunque pueda parecer una superstición o creencia absurda, al pronunciarlo ya desprende un halo de personalidad de alguien que tiene que saberse elegido, al menos en el seno de su familia. Los motivos pueden ser muy diversos: ser el primero, el compromiso casi familiar, por las tempranas circunstancias en que se presenta, en su crianza, ser El sobrino.

En cualquier caso debes asumir que tu Goliat puede no tener forma de gigante, pero no por eso es menos voraz. Que quizás una piedra es demasiado obvia y que tus recursos para ganar la batalla, esta vez, deberán ser más elaborados. También es cierto que como no estamos en un relato bíblico, David cuenta con el comodín del público.

Y finalmente, para descargar tu ansiedad y que no hiperventiles, como todo mito simboliza a todo humano lidiando contra sus grandes batallas, sean internas o externas. No por ser tu onomástica hoy eres más desgraciado que otros, igual sí más avispado.

Pesadillas

No hay más que el rumor silente y casi oscuro de la noche. Me precipito antes de todo supuesto acontecer para allanar los espacios, despejar los tropiezos y esperar que todo transcurra menos abruptamente. Harán falta centinelas que abarquen más espacios y otros que asuman otros espacios… ¡.es tan grande el mundo que debemos cubrir! Quizás necesitaremos helicópteros, y algún centro de control que pueda coordinar  las tareas, un sistema digital conectado vía internet con los centinelas y los helicópteros. Establecer un cierto horario de apertura de las calles para que dé tiempo de realizar las tareas de preparación de los espacios para una vida menos abrupta. Prever sanciones para aquellos que no contribuyan con la comunidad, económicas o de prisión.

Los que se dediquen a ser centinelas deberán recibir una formación reglada y oficial adecuada que consistirá....me vuelvo a la cama…

LA MUJER MENGUANTE

Sentía que su interior era un desbarajuste entrópico sin posibilidad de recuperación. Como un disco duro de ordenador -más bien muy blando- que pierde la capacidad de auto-recuperación del sistema, y se va quedando sin funciones progresivamente. Se alzaba como un muro, de alguna forma transparente –una partición del disco del sistema- para aislar la energía, el empuje,  la vida; del otro lado, del semi-cristal que acumulaba sin conexión ni criterio con su otro yo, lágrimas, llantos incontenibles, tristezas, desánimos y cansancio, un profundo y prolongado desasosiego sin nombre, ni rostro.  Esta doblez demacraba sus mejillas, apagaba la luz de sus ojos y parecía menguar y minimizar su persona cada vez que el tiempo se hacía evidente.

Pero algo quedaba siempre en la reserva, que aún menguada, repetía sorprendentemente ese rito peculiar de parodiar lo trágico. Algún día, yacerá quizás, con una sonrisa de despedida, tras escuchar la última ironía familiar.

EL MUNDO NO, MI MUNDO

Tras el cristal, cubierto de vaho, los edificios, las calles y el transitar de vehículos  y personajes anónimos obtienen perspectivas distintas.

El vidrio de mi terraza deja entrever una bombona de butano y, como fondo, el gris de una pared ajada, ornamentada visualmente por un conjunto de ropa interior. Mi mente se introduce en el interior de la vivienda y saluda con cierta tristeza el baño de vejez y soledad que acaba de invadirla.

Tras el cristal, cubierto de vaho, tenemos del mundo distintas perspectivas.

Joaquín, mi amigo de Adra que vive mirando al mar, casi no permite que se empañe de vaho el cristal de la ventana que da vida a su cocina. Aun así, en ocasiones cuando no puede evitarlo, se trasluce alguna persona recorriendo el paseo, dejándose envolver del frío y la humedad marítima. Entonces mi amigo se enternece, porque percibe en ese tránsito un gesto de suma intimidad y unión con la naturaleza. Y él, que tiene el privilegio de observarlo desde el refugio caldeado de su silla, se siente inmerso en un ejercicio sosegador.

Tras el cristal, cubierto de vaho, tenemos del mundo distintas perspectivas.

Hay transparencia en el cristal, deformación con el vaho, y un individuo con un lastre vital que siempre verá el mundo según la narración experimentada.

 

LA(S) SEMANA(S) TRÁGICA(S)

Hay semanas que el metro parece averiarse cada día, que cuando me dejo el paraguas siempre llueve, si me pongo manga corta refresca y pillo el resfriado del siglo. Hay momentos en que todo parece agolparse con la voluntad de que sucumbamos  definitivamente. Suerte tengo si esto lo estoy escribiendo a posteriori,  el problema  es que solo son las cuatro de la mañana de lunes  de esa semana trágica que todos tenemos de vez en cuando.