No hay filo,¡ pues nos vamos!

Si nadie lo evita  -y creo que es de las únicas coses que aún mantienen mi esperanza a flote, a parte por supuesto de las persones concretas- la Filosofía va a quedar marginada en la secundaria post-obligatoria como una de las materias innecesarias y de la que obviamente se puede prescindir.

No pretendo elaborar un discurso corporativista, son tan perniciosos para el bien común como otros más declaradamente egoístas. Intento desde la libertad que me otorga no depender, hoy en día, económicamente de cómo quede esta distribución, realizar una reflexión sobre las carencias y consecuencias que puede comportar en la educación de los jóvenes, la ausencia de la filosofía, si es que queda algo por decir. Tal vez sí.

Intento adentrarme en aquello que puede no haberse dicho o explicitado sobre el perfil de un joven huérfano de filosofía. Siempre he pensado que, en general y salvando honrosas excepciones, no es lo mismo ser profesor de física, matemáticas, o de literatura, filosofía,… ¿En qué sentido? Bien hay un cierto tono o musiquilla de fondo en la manera de entender la vida y las relaciones más empática emocionalmente. Quizás porque lo que se traen entre manos no son cuestiones cuya objetividad sea un mínimo exigible, y esa rigurosidad la confunden con el trato de quien los escucha. Por su parte, quien se mueve con cuestiones directamente “humanas” no pierde de vista que quien tiene delante son “humanitos” en proceso de toma de conciencia de sí mismos. Evidentemente estas generalizaciones son siempre arriesgadas y quebradizas, pero tal vez útiles para ilustrar lo que me propongo a continuación.

La relación educativa con profesores que aman y sienten pasión por la filosofía añade un plus a la formación y el carácter de los alumnos que nunca deja indiferente. Bien, porque despierta la semilla de la incomodidad con su status quo, bien porque sienten la necesidad de rebatir con contundencia la pesadilla que en forma de pepito grillo se ha introducido en sus conciencias. ¿Siempre es así? No, evidentemente también hay profesores ineptos. Pero cuando es así, siempre hay un antes y un después.

En consecuencia, deseo y espero que en el futuro no haya huérfanos de Sofía –título de un libro coordinado por Alex Mumbrú y expresión acuñada por él mismo. que encuentro fascinante)

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