Caducando

Uno puede sentirse caduco al percibir como el entorno se evapora lentamente a su alrededor, aturdido de un exceso de cansancio vital, ese que solo sustentan algunos sin azorarse.

Cuestionarse si la vehemencia ninguneaba la sensibilidad de los otros, quizás al abismo, o al tedio, y replantearse en consecuencia tanta honestidad.

Caducarse a sí mismo para no ser viral, dejando espacio a más esperanza y menos veracidad.

Red social o red mental

Una red puede ser un entramado de conexiones que estimule e intensifique la comunicación entre los distintos elementos unidos. A su vez, puede ser un conjunto de mallas, más o menos entrecruzadas,  que envuelvan un elemento y que según vayan espesándose hagan más dificultoso  desenredarse. Curiosamente, la red social por no ser literalmente ni una, ni la otra, pueden ser ambas.

Veamos; las redes  pueden conectar y comunicar a un individuo con un número indefinido de ellos. Estas conexiones se realizan de forma rápida, inmediata, unidos a menudo por un fin común, un interés parejo,…lo que provoca una fluidez y espontaneidad intensas, hasta el punto que la sensación de intimar puede confundir la naturaleza de la relación que se crea. Hay quien considera que se crean vínculos más rápidos y veraces que en la realidad, que virtualmente es más fácil. Personalmente, creo que es más riguroso denominar a esto, que parece un vínculo, una conexión fugaz, que por intensa y veraz que se nos antoje no compromete, porque nos ampara un relativo anonimato, el parapeto de la máquina, y el poder de dominar quién presento que soy. Nos podemos sentir cómodos durante la conexión, pero sin garantía de continuidad, ni compromiso. Evidentemente, siempre hay excepciones y cuando una relación pasa al plano de lo real, diremos que la naturaleza de la relación está cambiando. Aquí hablamos de contactos exclusivamente virtuales, que pueden producir una sensación emocional absolutamente falaz.

Por otra parte, el ordenador puede acabar convirtiéndose en una prolongación de nuestro yo, y sentirnos menos capaces de relacionarnos en la vida cotidiana que en lo virtual. Podemos llegar incluso a ordenar el día esperando el momento de conectarnos, como si fuera el momento más auténtico y satisfactorio de nuestra vida. Un momento virtual, en el que puedo controlar con relativa facilidad quien soy ante los otros, distinto seguramente del que soy en realidad. Así, las redes sociales que como comunidad política y social tienen innumerables ventajas, en las que ahora no entraré, pueden resultar un riesgo por su abuso y confusión a nivel personal. No estoy hablando de adolescentes –que sería otro tema con enjundia- hablo de adultos que cubren sus necesidades y sortean sus dificultades de forma obsesiva llegando a puntos peligrosos para su propio bienestar. Se convierte así la metafórica red social, en una red mental que enjaula, esclaviza y distorsiona la personalidad e identidad del individuo que tan solo creía estar conectado.

Huelga del metro en Barna

Un servicio público cubre necesidades básicas para el funcionamiento de una ciudad, sin el cual se ven afectadas otras áreas públicas o privadas que la ciudadanía, a su vez, utiliza para  el mantenimiento de su vida cotidiana.

Estos servicios públicos deberían tener una regulación propia en el derecho de huelga que atendiera al bien común. Desconozco por completo la reglamentación, pero como de facto el Servicio metropolitano de Barcelona pacta en cada ocasión los servicios mínimos, entiendo que no existe o que nadie la respeta, que viene a ser lo mismo. Así estos mínimos no garantizan el derecho de los ciudadanos a un transporte público que les permita acudir a su puesto de trabajo con la regularidad y puntualidad exigida, en un momento, en que sabemos, que cualquier excusa es buena  para que te inviten a ser emprendedor. Tampoco, por supuesto, permite otro tipo de tareas necesarias que implican desplazamientos para atender a personas discapacitadas u otras situaciones de necesidad.

Viendo que la posibilidad de regular los servicios de transporte públicos en momentos de huelga es nula, muchos barceloneses se han cuestionado si, siendo el contencioso con la empresa de transportes y no con los ciudadanos, no ejercerían mayor presión y protegerían a los ciudadanos de perjuicios, hacer huelga de brazos caídos en las taquillas, abrir las puertas y dejar que los usuarios entraran sin pagar. Tal vez, este gesto de forma indefinida, que implicaría pérdidas diarias en el transporte, sería una acción con más eficacia y menor perjuicio para los que no tienen nada que ver en el asunto.

Pensemos que, por ejemplo, los profesores y trabajadores de la enseñanza, como servicio público ha estado sobradísima de motivos para hacer huelgas indefinidas desde los cursos más bajos. Pero la responsabilidad social con la que ejercen su vocación y que nadie destaca –por eso lo hago yo aquí- ha descartado esa posibilidad por considerar irresponsable dejar a las familias con el problema de tener a sus hijos en casa, sin saber qué hacer para ir a trabajar, o llevarlos a un centro donde no se imparte clase y hay unos vigilantes que no garantizarían del todo la seguridad de sus hijos –diga lo que diga la consejería de enseñanza- Este acto de conciencia, porque los niños no son objetos de negociación, sino sujetos, personas a proteger y esa es siempre la voluntad del profesorado –proteger no significa aquí edulcorar- podría hacerse extensivo a otros colectivos y reflexionar sobre la situación de los ciudadanos que utilizan el metro. No son precisamente los pudientes de la sociedad sino en su mayoría personas con menos poder adquisitivo que ellos que están en huelga. No se merecen encima, pagar su huelga, que la pague la administración pública, trabajen y dejen pasar gratis a las clases más desfavorecidas que son los usuarios del metro.

El Logos quebradizo o nada

¿Qué decir sobre algo cuando  carecemos de objeto? ¿Qué mostrar cuando se nos antoja ese algo como evidente? ¿Cómo intentar tan siquiera el balbuceo que ilumine otras mentes cuando balbuceamos por incapacidad de no hacerlo?

Cada curso muchos profesores volvemos a hacernos visibles para nuevos alumnos. Hacerse visible es extremadamente fácil, aunque a veces no basta con entrar en el aula, seguro  de que una incursión verbal servirá de alerta para hacernos indiscutiblemente visibles. Pero esa visibilidad, se me antoja cada vez más distante. No es una simple cuestión de que te vean. El reto es que te quieran ver, que tu presencia despierte en ellos la curiosidad por escuchar lo que tú te dispones a formular. Decir aquello que despierte sus mentes, que las agite, que las incomode. El decir, con el poder mágico del logos griego, que pueda generarles una cierta diarrea mental y sientan la necesidad de evacuar y contener y regular, y dar sentido, coherencia y respuestas sanadoras.

Sigo confiando casi ciegamente en el poder de la palabra bien dicha, me cuestiono sin embargo por cuánto tiempo somos capaces los profesores de ejercer ese don. Sin la magia del discurso vivo, los alumnos dejan de verte, se evaden y tú sientes la soledad del que no puede comunicar. Del que siente que no puede decir, porque su objeto ha caducado, porque no podemos estar eternamente vivos sin morir, y toda muerte genera nuevos objetos, quizás tremendamente inefables para ser oídos.

La coincidencia perfecta entre lo que uno puede decir y lo que  otro puede oír,  es un oasis con fecha de caducidad. A partir de ahí, sólo el sobreesfuerzo, la recuperación de lo ya vivido y generado, la autoempatía puede salvarnos a todos de horas soporíferas. Ahora bien, siendo un estado de gracia la conexión emocional e intelectual -fruto del saber vivo y de la ascendencia que esto produce en el alumno- sostengo la firme convicción de que las condiciones necesarias para el aprendizaje no son otras que estas condiciones emocionales con el profesor. A partir de ahí, la responsabilidad del que educa es la honestidad: no embaucaré a mis alumnos en nada que no me parezca fascinante. Por ejemplo, los presocráticos los reviviré como admirables por lo que fueron capaces de “ver” y por lo que gracias a ellos vieron otros. Pero debo revitalizarlos en su contexto para que lleguen al alumno, y con un diálogo entre la comunidad-clase  y ayudados de los textos originales podamos despedazar el valor de esos filósofos y buscar equivalentes actuales. Eso es un reto que no abandona al alumno en el tumultuoso y arbitrario mundo de la información, sino que le proporciona criterios para ordenar la información y le ensaña a ir construyendo el conocimiento por osmosis. Evidentemente el profesor es, aparte de un educador, un nutrido intelectual que aprende de sus lecturas actuales continuamente y mantiene, en este caso su espíritu filosófico vivo.

La educación exige un proceso – a lo Sísifo- de recomenzarse interiormente aprovechando lo que ya no es, y recuperando lo que fue válido…..suerte a todos

La Ley -que me a- mordaza

Someterse al Imperio de la ley es uno de los pilares del Estado moderno que se ha ido degradando, por lógica interna, hasta nuestros días. Es consecuencia de esa ingenua voluntad, de querer atribuir o personificar entes abstractos, que sin acciones humanas no son más que ideas. Evidenciada esta obviedad, las leyes son siempre interpretadas y aplicadas por humanos. No hay imperio de la ley, hay imperio de los humanos que poseen el poder judicial, y el poder de legislar.

En este contexto, en el triste panorama de un gobierno con mayoría que legisla, nace La ley mordaza, esa ley que nos amordaza y cuya aplicación se está haciendo, además porque la propia ley así lo permite, de forma totalmente arbitraria.

Como resultado el Estado de Derecho se va a su vez desvaneciendo y los ciudadanos pierden, aparte de garantías, un criterio diáfano de qué constituye delito y qué no. Lo que realizado por unos es interpretado como apología del terrorismo por falta de respeto a las víctimas, al ser realizado por otros se convierte como mucho en un comentario desafortunado. Esta arbitrariedad genera inseguridad, rabia y falta de confianza en el sistema que poco ofrece ya al ciudadano para considerarlo democrático.

Lo curioso es que en España surgió esta ley para proteger a la población de las peligrosas protestas del 15M –no me río porque entiendo que el ridículo es obvio-aunque curiosamente solo ha sido aplicada contra la población misma, y nunca en casos de manifestaciones o actos violentos.

Así es que, el Estado no puede ejercer como nada, porque nada es, excepto a través del brazo ejecutor que siempre es el gobierno de turno que legisla y ejecuta en su propio interés. Error crucial de las bases contractualistas.

La ley mordaza, que así deseamos todos que pase a la historia, porque un término tan ilustrativo no requiere casi explicación es la muestra evidente de que en España la democracia social y económica entró en declive, pero la política se hunde sin paracaídas. Siento que algunos se empeñen en confundir ilegalidades con libertades de expresión, con otros fines ulteriores, porque al final nadie sabe de qué habla. Deberíamos situar, lo más rigurosamente, los términos en el lugar que les corresponde, para alejar confusiones: hablar de libertad cuando proceda, de independencia cuando ese sea el tema, de terrorismo si cabe, pero no hagamos un saco donde todo cabe porque todos saldremos perdiendo.